ludmila
Poeta veterano en el portal
Apasionadamente las musas apremian
en el alma, clandestina a mi caricia.
Torrentes de monarquías los besos,
lamen la noche que se deshuesa.
El amor es el dueño de las entrañas
y sigilosamente se construye desde la alfombra.
Ruge el intento en un vuelo que deslumbra
atravesando el cielo de mis ojos,
sístoles de voluptuosas sensaciones
que se disuelven en el ámbito de mi sombra.
Abarca el espacio inmenso de la mirada
rebuscando los rincones abandonados
porque despoja a los fantasmas.
El amor tiene cuidados que preservan
respetuoso compañero de mis silencios.
Se acomoda en la silla de las tristezas
desacredita al dolor y a las espinas
llenando los espejos de sorprendentes lunas.
Calma la noción de su presencia
atiborrado de tantas demandas.
No claudica, reflejando sólo las sonrisas
de quien pretende sus palabras.
Yo le celebro
porque inscribo en lo genuino
de su instancia
todas las pérdidas vividas;
pero recobro el equipaje
que en sutil carruaje
él, impulsa en mi soslayo.
en el alma, clandestina a mi caricia.
Torrentes de monarquías los besos,
lamen la noche que se deshuesa.
El amor es el dueño de las entrañas
y sigilosamente se construye desde la alfombra.
Ruge el intento en un vuelo que deslumbra
atravesando el cielo de mis ojos,
sístoles de voluptuosas sensaciones
que se disuelven en el ámbito de mi sombra.
Abarca el espacio inmenso de la mirada
rebuscando los rincones abandonados
porque despoja a los fantasmas.
El amor tiene cuidados que preservan
respetuoso compañero de mis silencios.
Se acomoda en la silla de las tristezas
desacredita al dolor y a las espinas
llenando los espejos de sorprendentes lunas.
Calma la noción de su presencia
atiborrado de tantas demandas.
No claudica, reflejando sólo las sonrisas
de quien pretende sus palabras.
Yo le celebro
porque inscribo en lo genuino
de su instancia
todas las pérdidas vividas;
pero recobro el equipaje
que en sutil carruaje
él, impulsa en mi soslayo.