Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
-Hoy pequeña, me quede sentado en el portal de mi puerta. Vi pasar cada segundo de mi vida frente a mi y guarde para ti mis más bellos recuerdos enmarcado en la distancia de este monologo de querencias
-Bueno para que sigo con este conversatorio si tú no entiendes -¿Porque late este corazón moreno con cara de gitano?
-Que mas da; Mira.... si sigues en silencio yo tendré que seguir con mi monologo de camino polvoriento, aquí mirando en el horizonte, oteando tus querencias a ver si encuentro las mías entre las tuyas.
-Ves como quiera pasa el tiempo y los latidos y el palpitar de nuestros corazones, es como la carta que escribimos ponemos en un sobre pero jamás echamos al buzón.
-¿Te digo la verdad de nuestras vidas?
-De verdad deseas oírlas. Pues coge que hay va.
-Somos amargados en vino rancio y tardío.
-Queremos filosofar con el amor y solo un disimulo mal realizado nos sale. Como una comedia de mala muerte.
-Con el teatro de nuestras vidas vacías: que carajo de aplauso vamos a cosechar. ¿Me puedes explicar esto?
-Se que te ríes y hace tus conjeturas, pero es la vida de nosotros las que ponemos en juego y no lo ves. Solo vives tu mundo de fantasías agonizante.
-Bueno de todas formas las largas horas de la tarde son las líneas del final de este cuento de nunca acabar. Por supuesto acompañadas con tu cafecito mortecino y aromático.
-Esa es la diferencia de nuestro conversatorio.
-No, no hay tiempo para esa sugerencia de la carne.
-Hoy solo tengo los segundos para un tango mal vivido y mal contado en este marco de puerta mirando el caminito polvoriento y solitario de nuestras almas.
-¡Te veo en el próximo recodo, chao!
-Bueno para que sigo con este conversatorio si tú no entiendes -¿Porque late este corazón moreno con cara de gitano?
-Que mas da; Mira.... si sigues en silencio yo tendré que seguir con mi monologo de camino polvoriento, aquí mirando en el horizonte, oteando tus querencias a ver si encuentro las mías entre las tuyas.
-Ves como quiera pasa el tiempo y los latidos y el palpitar de nuestros corazones, es como la carta que escribimos ponemos en un sobre pero jamás echamos al buzón.
-¿Te digo la verdad de nuestras vidas?
-De verdad deseas oírlas. Pues coge que hay va.
-Somos amargados en vino rancio y tardío.
-Queremos filosofar con el amor y solo un disimulo mal realizado nos sale. Como una comedia de mala muerte.
-Con el teatro de nuestras vidas vacías: que carajo de aplauso vamos a cosechar. ¿Me puedes explicar esto?
-Se que te ríes y hace tus conjeturas, pero es la vida de nosotros las que ponemos en juego y no lo ves. Solo vives tu mundo de fantasías agonizante.
-Bueno de todas formas las largas horas de la tarde son las líneas del final de este cuento de nunca acabar. Por supuesto acompañadas con tu cafecito mortecino y aromático.
-Esa es la diferencia de nuestro conversatorio.
-No, no hay tiempo para esa sugerencia de la carne.
-Hoy solo tengo los segundos para un tango mal vivido y mal contado en este marco de puerta mirando el caminito polvoriento y solitario de nuestras almas.
-¡Te veo en el próximo recodo, chao!