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De peces y mareas

Miriam Camelo

Poeta recién llegado


Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

Única forma que nos halláramos desnudos
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.

 
Última edición:

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

La única forma que nos halláramos desnudos,
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.


Me agrada mucho tu lírica. Saludos.
 
QALAT buenas noches, desde Bogotá hasta Sevilla un abrazo rompe distancias. Gracias por observar desde el otro lado del océano, mis letras que se estrellan como espumas en la ventana de la casa.
 

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

La única forma que nos halláramos desnudos,
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.


Exquisitos versos con bellas metáforas para dejar al descubierto tu declaración de amor.
Un placer Míriam disfrutar de tan bello sentimiento.
Vayan mis saludos cordiales.
 

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

La única forma que nos halláramos desnudos,
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.

Ceñir en esa emocion humeda las formas de una amor de encuentro que
trata de declarar el sentimiento que se vive. cada detalle de la obra
un estudio perfecto para que el agasajo amoroso sea el intento causal
de las formas. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
"arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón"


"y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel."

Preciosas metáforas. Me ha gustado mucho. Gracias.

Un fuerte abrazo:
Maca
 
Buenas noches. Hoy, día de la poesía y vuelvo a este espacio, lo suponía perdido en la inmensidad de lo intangible. Gracias por el mensaje colgado MACALOPEZ, ya hace muchos meses, aún la luz flamea y la percibí en el horizonte. Un saludo saludo cordial para todos, al filo de la media noche.
 

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

Única forma que nos halláramos desnudos
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.

Un amor mutuo, la mejor de las pasiones.
Dulce melodía.

Saludos
 

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

Única forma que nos halláramos desnudos
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.

Un poema precioso. Un gusto poder leer. Saludos.
 

Hablamos tanto de invierno, que nos convertimos en peces.

Única forma que nos halláramos desnudos
en el agua,
escapando de nuestros propios piélagos
para crear,
un océano multiforme
de beso y sentimiento.

Tú, el pez que navega mi costado izquierdo y yo,
una alondra sin alas,
que boga por tu mar.

No nada el que tiene branquias,
sino el que tiene su propia inmensidad.

Todos mis ríos están abiertos para ti y,
al misterio de tus caudales
inmersa me entrego,
arribo a tu estuario y navego plácida
hasta esa isla
que llamamos corazón.

Saltas en mi cuerpo como salmón herido
que navega río arriba,
para desovar.

Amo el agua que nos abraza y cura las heridas
de inviernos que se fueron.
Antes de que fueras, el sabor de los océanos
los contenía mis lágrimas,
eran otras playas y otros puertos
que quedaron a la deriva de mis pestañas.

Te gusta mi risa, de pez de cordillera y a mí,
la forma en que me miras,
tus ojos hablan como mareas del océano y tu boca,
una piragua extraviada
sobre las arenas de mi piel.

Muy hermoso poema. Su torbellino de imágenes acuáticas atrapa de inmediato en un disfrute sensorial maravilloso. Muchas gracias, compañera Miriam, por compartir. Saludos cordiales.
 
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