Khande Canes
Poeta recién llegado
Ahí hay un hombre. Me mira con la cuenca vacía. Sus níveas encías, que apenas sujetan dos dientes, se muestran como el brillo de la hoz que sale del cuerpo cuando la piel se desintegra. Tengo un humor de mil diluvios y me asfixio de la risa en estas lágrimas. Veo con dos charcos como se secan los jazmines y mis jardines se pueblan de campanas. No suenan pero las oigo.¡Es la esperanza!¡Oh, la esperanza, el gran mal que a los hombres por los dioses fue dado! — ¡Quédate en la caja!¡Quédate! — No te quiero en mi pecho, dueles demasiado...