Dormida en medio de la ciudad, se esconde mi inocencia.
La ciudad es grande y fría.
Hoy casi todos se declaran maquinas sujetas al sistema.
La ciudad es carnívora, devora a cualquiera que aún se sienta de carne y hueso.
Mi inocencia lo es, por eso se esconde.
La ciudad por poco ha consumido toda la luz del planeta, la luz de los ojos y la luz de las sonrisas.
La ciudad obliga a pagar impuestos por cada lágrima, por cada parto y por cada noche compartida.
La ciudad ha agotado el agua de los mares, el sudor de los cuerpos y el rocío de la piel amada.
La ciudad conquista cada milímetro de tierra libre, cada sueño de virgen y estrella clandestina.
La ciudad comercia con petroleo, ozono, vanidad, lealtad, compra y vende obsesiones más que ilusiones.
La ciudad subasta niños huérfanos, animales extintos, saberes secretos y amaneceres en el desierto.
La ciudad profana nuestra historia, nuestras NO-fronteras y el canto de las aves.
La ciudad disuelve sobre el oxigeno las esperanzas, sobre todo aquellas que huelen a tierra húmeda.
Mi inocencia lo es, por eso se esconde.
La ciudad pretende comprar la verdad, pero solo podrá comprar farsantes.
Mi inocencia NO lo es, por eso se esconde.
La ciudad es grande y fría.
Hoy casi todos se declaran maquinas sujetas al sistema.
La ciudad es carnívora, devora a cualquiera que aún se sienta de carne y hueso.
Mi inocencia lo es, por eso se esconde.
La ciudad por poco ha consumido toda la luz del planeta, la luz de los ojos y la luz de las sonrisas.
La ciudad obliga a pagar impuestos por cada lágrima, por cada parto y por cada noche compartida.
La ciudad ha agotado el agua de los mares, el sudor de los cuerpos y el rocío de la piel amada.
La ciudad conquista cada milímetro de tierra libre, cada sueño de virgen y estrella clandestina.
La ciudad comercia con petroleo, ozono, vanidad, lealtad, compra y vende obsesiones más que ilusiones.
La ciudad subasta niños huérfanos, animales extintos, saberes secretos y amaneceres en el desierto.
La ciudad profana nuestra historia, nuestras NO-fronteras y el canto de las aves.
La ciudad disuelve sobre el oxigeno las esperanzas, sobre todo aquellas que huelen a tierra húmeda.
Mi inocencia lo es, por eso se esconde.
La ciudad pretende comprar la verdad, pero solo podrá comprar farsantes.
Mi inocencia NO lo es, por eso se esconde.