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Daguerrotipo

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
Observa el atrio tatuado del sol en mi pecho,
mi cráneo con sus nervados surcos
y sus absurdos pensamientos de muerte.

Mira el hombre muerto de hace un instante,
su cánido esqueleto con sus venas azuladas.
La noche arrastrando sombras sin cansancio,
la tenue luz de la estrella saturada de licores.
La respiración ahogada de los fuelles
en la fragua, su levedad de rojo atardecido.

Así el silencio que va matando desde dentro,
así la sangre sin color, el bajamar con sus ecos
y miserias, la memoria y sus papeles viejos.
La historia de un tiempo y un país mal contado,
su largo invierno y sus costillas.

He aquí la vida como un daguerrotipo y a su cuerda
un fuego purificador que resulta sospechoso,
el pájaro hecho superstición, los días sin voz
levantados sobre sílabas derrumbadas.

He aquí mis ojos en lágrimas precisas,
mis hombros bajo la sombra de la iguana,
mis manos estallando en campos de lavanda,
bajo el cielo infinito el corazón como un velero.
 
Me encanta el cierre, como siempre amigo, mucha fuerza en tus palabras, desgarrador pero hermoso al mismo tiempo. Siempre coincidimos en los retornos a este portal, un abrazo gigante, extrañaba leerte!
 
Observa el atrio tatuado del sol en mi pecho,
mi cráneo con sus nervados surcos
y sus absurdos pensamientos de muerte.

Mira el hombre muerto de hace un instante,
su cánido esqueleto con sus venas azuladas.
La noche arrastrando sombras sin cansancio,
la tenue luz de la estrella saturada de licores.
La respiración ahogada de los fuelles
en la fragua, su levedad de rojo atardecido.

Así el silencio que va matando desde dentro,
así la sangre sin color, el bajamar con sus ecos
y miserias, la memoria y sus papeles viejos.
La historia de un tiempo y un país mal contado,
su largo invierno y sus costillas.

He aquí la vida como un daguerrotipo y a su cuerda
un fuego purificador que resulta sospechoso,
el pájaro hecho superstición, los días sin voz
levantados sobre sílabas derrumbadas.

He aquí mis ojos en lágrimas precisas,
mis hombros bajo la sombra de la iguana,
mis manos estallando en campos de lavanda,
bajo el cielo infinito el corazón como un velero.
A veces la vida es una mezcla de belleza y angustia.

Saludos
 
Observa el atrio tatuado del sol en mi pecho,
mi cráneo con sus nervados surcos
y sus absurdos pensamientos de muerte.

Mira el hombre muerto de hace un instante,
su cánido esqueleto con sus venas azuladas.
La noche arrastrando sombras sin cansancio,
la tenue luz de la estrella saturada de licores.
La respiración ahogada de los fuelles
en la fragua, su levedad de rojo atardecido.

Así el silencio que va matando desde dentro,
así la sangre sin color, el bajamar con sus ecos
y miserias, la memoria y sus papeles viejos.
La historia de un tiempo y un país mal contado,
su largo invierno y sus costillas.

He aquí la vida como un daguerrotipo y a su cuerda
un fuego purificador que resulta sospechoso,
el pájaro hecho superstición, los días sin voz
levantados sobre sílabas derrumbadas.

He aquí mis ojos en lágrimas precisas,
mis hombros bajo la sombra de la iguana,
mis manos estallando en campos de lavanda,
bajo el cielo infinito el corazón como un velero.
Te quedó de poca madre este poema, compañero Gonvedo. Da gusto encontrar textos tan incisivos y de buena factura.
Gracias por compartir. Saludos cordiales.
 
Me encanta el cierre, como siempre amigo, mucha fuerza en tus palabras, desgarrador pero hermoso al mismo tiempo. Siempre coincidimos en los retornos a este portal, un abrazo gigante, extrañaba leerte!


No lo dudes ni por un instante, el criminal siempre vuelve al lugar del crimen o merodea por las inmediaciones. Muchas gracias por leerme y comentar. Un abrazo grande, amiga.
 
Observa el atrio tatuado del sol en mi pecho,
mi cráneo con sus nervados surcos
y sus absurdos pensamientos de muerte.

Mira el hombre muerto de hace un instante,
su cánido esqueleto con sus venas azuladas.
La noche arrastrando sombras sin cansancio,
la tenue luz de la estrella saturada de licores.
La respiración ahogada de los fuelles
en la fragua, su levedad de rojo atardecido.

Así el silencio que va matando desde dentro,
así la sangre sin color, el bajamar con sus ecos
y miserias, la memoria y sus papeles viejos.
La historia de un tiempo y un país mal contado,
su largo invierno y sus costillas.

He aquí la vida como un daguerrotipo y a su cuerda
un fuego purificador que resulta sospechoso,
el pájaro hecho superstición, los días sin voz
levantados sobre sílabas derrumbadas.

He aquí mis ojos en lágrimas precisas,
mis hombros bajo la sombra de la iguana,
mis manos estallando en campos de lavanda,
bajo el cielo infinito el corazón como un velero.
Un poema excelente! Un gusto pasar.
Saludos.
 
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