rodrigotoro
Poeta adicto al portal
Roberto caminaba con su mejor amigo a casa; Era una noche como cualquier otra, un día más de muchos días iguales.
Su vida no era especial: había terminado los estudios, y tras un bachillerato modesto, en donde los guarismos fuesen prohibitivos para proseguir sus educación, se dedicaba a levantarse tarde, salir a la calle y vivir en la compañía de sus amigos de barrio; jugaba a la pelota, su mayor pasión y el motivo de lo tarde de su regreso a casa, y el Play Statión era su segundo nombre
Roberto llegó hasta la esquina de su pasaje, le dio la mano a Luis, el arquero del equipo y la estrella aquella jornada deportiva en donde ganasen tres a cero a los chicos del otro pasaje, y se dirigió a paso calmo a su casa Todo sucedía Ídem al día anterior, y al que había venido antes Solo que esa noche el destino, señor de sombrero largo y mirada penetrante, tenía pensado otra cosa ..
Al poco andar pudo ver una luz de tonos verdes y naranjas pasar sobre él y perderse en su vector de trayectoria hacia el sector de los terrenos baldíos, que continuaban a su conjunto habitacional y la cancha donde jugaba futbol hasta hacen unos minutos. Intrigado, se quedó mirando hasta que la luz se precipitó al suelo y un sordo golpe, como un inmenso huevo de avestruz que se rompe, se sintió .Primero se quedo inmóvil, pero luego, y presa de la curiosidad, aquella que mató al gato, se puso a correr en esa dirección
Al cabo de cinco minutos de trote regular llegó hasta los inicios del terreno eriazo. Como era un lugar olvidado por el municipio no existía ni una sola luz que derrotase la penetrante oscuridad que ya se adueñaba del ambiente. Roberto dudó, pero a esas alturas no desistiría de su investigación
Avanzó a paso lento, casi a horcajadas, no sin un cierto grado de temor; después de todo...¿no es parte de nuestra programación más básica temerle a lo desconocido?...
Estaba auscultando el ambiente, esforzando al máximo sus ojos verdes, cuando una presión en su hombro derecho le sobresaltó sin poder evitarlo gritó como condenado y giró por reflejo tirando un golpe con su mano empuñada en movimiento negativo. Y producto de ello sintió que golpeó algo o alguien; y ese algo o alguien cayó al suelo. Roberto fijó la vista en el suelo en dirección del punto que su oído le indicase como el lugar en que su desconocido y misterioso agresor quedase Extrajo su teléfono móvil del bolsillo, encendió la linterna en él, sintiendo en parte la culpa por la falta de iniciativa: ya que aquella luz le hubiese, de haberla recordado antes, ahorrado avanzar a tientas y en total indefensión sobre el irregular terreno. Y al concentrar la vista, y acostumbradas sus retinas al escaso grado de luz generado por dicha lucecilla, pudo ver la figura de un muchacho de contextura delgada, pelo blanco y largo, y rostro pálido; Estaba parcialmente mareado por el golpe; Roberto observó que vestía una especie de buzo color amarillo metálico muy ceñido, y usaba botas de caña larga hasta más arriba de las rodillas de un material rutilante como el estaño fundido
Era muy extraño todo .