Charly0092
Poeta recién llegado
Piedra de molino atada al cuello.
—Conozco el final del abismo— le dije.
Es el sonido del océano en mis manos,
el reflejo del sol distorsionado,
el reflejo del dolor contenido, durmiente.
La mirada trémula que no miente,
que cuenta la verdad oculta.
He sangrado tantos atardeceres
y temo tu plumaje: ave sangrante,
cuervo rumiante que duerme.
Miel amarga que sofoca;
desciende, céfalo–caudal,
asfixia.
—Conozco el abismo. El final— le dije.
Pero desconozco el sosiego, la paz,
el interior del ataúd, su peso
y el filo de su vértice,
la almohada suave,
la mano que no tiembla…
No puedo soltar la soga,
no puedo exhalar el miedo.
Temo ser
el que olvida,
el que sana,
el que mata,
el que siente.
El frío en los dientes,
la humedad en los labios.
Dulce cuervo rumiante.
Veo la verdad
al respirar tu calor,
y es dulce la caída,
dulce la muerte
en tus brazos,
en tu piel sangrante.
Me quemas,
cauterizas el abismo.
Me matas
y revives el puente.
Ven,
quédate.
Quédate,
quédame.
Ave punzocortante.
—Conozco el final del abismo— le dije.
Es el sonido del océano en mis manos,
el reflejo del sol distorsionado,
el reflejo del dolor contenido, durmiente.
La mirada trémula que no miente,
que cuenta la verdad oculta.
He sangrado tantos atardeceres
y temo tu plumaje: ave sangrante,
cuervo rumiante que duerme.
Miel amarga que sofoca;
desciende, céfalo–caudal,
asfixia.
—Conozco el abismo. El final— le dije.
Pero desconozco el sosiego, la paz,
el interior del ataúd, su peso
y el filo de su vértice,
la almohada suave,
la mano que no tiembla…
No puedo soltar la soga,
no puedo exhalar el miedo.
Temo ser
el que olvida,
el que sana,
el que mata,
el que siente.
El frío en los dientes,
la humedad en los labios.
Dulce cuervo rumiante.
Veo la verdad
al respirar tu calor,
y es dulce la caída,
dulce la muerte
en tus brazos,
en tu piel sangrante.
Me quemas,
cauterizas el abismo.
Me matas
y revives el puente.
Ven,
quédate.
Quédate,
quédame.
Ave punzocortante.