humanoide
Poeta fiel al portal
Y ahora la loba al sentirse desairada y aun mas sola, arremete en maldiciones contra la frígida luna, que callada le observa acechando entre la oscuridad del bosque.
Noche tras noche la loba escucha el llanto lastimoso del coyote, mañana tras mañana mira con envidia como la luna y el sol se encuentran e intentan tocarse en los pocos segundos que la madrugada les obsequia.
La loba enloquece… Acecha y mata cuanto se cruza a su paso, sus ojos despiden fuego y su hocico maldiciones innombrables.
Esa noche lo planea todo… Debe ser la única a quien mire la luna… Espera ansiosa el atardecer, sube a lo alto de la montaña, donde el coyote impaciente mira esconderse al sol, y así, sin previo aviso, la loba arremete hiriéndole casi de muerte para usurpar su lugar en la meseta, y cuando al fin el sol toca la montaña… La loba poseída desgarra los cielos tiñéndoles de rojo sangre intentando darle muerte a un sol, que sorprendido, enfurece incinerando el bosque de la loba, antes de ocultarse majestuoso y dar paso a la luna, reina de la noche.
Desde ese día, el desierto domina los parajes de estas tierras, sus cielos son rojos en cada atardecer, el sol es más implacable, la luna mas engreída, el coyote vaga herido de muerte y amor, y la loba, la pobre loba, sigue sumida en lo más profundo de la soledad…
Noche tras noche la loba escucha el llanto lastimoso del coyote, mañana tras mañana mira con envidia como la luna y el sol se encuentran e intentan tocarse en los pocos segundos que la madrugada les obsequia.
La loba enloquece… Acecha y mata cuanto se cruza a su paso, sus ojos despiden fuego y su hocico maldiciones innombrables.
Esa noche lo planea todo… Debe ser la única a quien mire la luna… Espera ansiosa el atardecer, sube a lo alto de la montaña, donde el coyote impaciente mira esconderse al sol, y así, sin previo aviso, la loba arremete hiriéndole casi de muerte para usurpar su lugar en la meseta, y cuando al fin el sol toca la montaña… La loba poseída desgarra los cielos tiñéndoles de rojo sangre intentando darle muerte a un sol, que sorprendido, enfurece incinerando el bosque de la loba, antes de ocultarse majestuoso y dar paso a la luna, reina de la noche.
Desde ese día, el desierto domina los parajes de estas tierras, sus cielos son rojos en cada atardecer, el sol es más implacable, la luna mas engreída, el coyote vaga herido de muerte y amor, y la loba, la pobre loba, sigue sumida en lo más profundo de la soledad…