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Cuarenta y cinco

cuatrolíneas

Poeta recién llegado
El frío en los huesos,
el dolor del nervio que lo atraviesa,
el inmenso y desagradable rumor de la música
que traduce este sufrimiento.
Frío, solamente el frío,
me calma el cólera pero se fortalece
la sensación de soledad,
me hace extrañar tu presencia, sol.


Es que un golpe en los oídos simplemente sirven de escape,
porque las manos esconden la verdadera esencia
de esa carta que escribiste esta tarde y que nunca me enviarás.


Tienes un secreto,
frío, quiero conocer tu secreto,
pienso en las semanas venideras y pienso en el abrigo.
Me seguiré escondiendo, pero en frente de todos,
me seguiré persiguiendo, que la paranoia me domine,
que a lo largo de los años evolucione este dolor existencial.


Progreso hacia atrás,
la cura de todo malestar que se encoge entre los bichos,
de nuestro jardín divino,
hasta la suerte de que Dios no exista,
todo es válido cuando tienes frío y te sientes solo.


No te culparé si es que caemos tomados de la mano a la línea del tren
cantando, sonriendo, mirándonos como si la eternidad fuese a pasar sobre nosotros en cualquier momento.
Tiempo es lo que necesito,
el sonido de la moneda que cae entre los dientes de un cerdo,
el gemir de una flor encadenada,
todo se transforma hoy en una parábola que se disfraza de dudas y críticas.
Al fin y al cabo, ¿quienes somos en el fondo
si cada uno de nosotros rayamos nuestras caras
para parecer iguales en sentido artístico?
Todos somos iguales, lo único que nos diferencia es nuestra esencia,
nuestros químicos se funden en un mismo vientre,
hermanos del frío somos,
hijos de la tierra,
socios del alcohol,
amantes de la soledad.


Todos nuestros padres han seguido el recetario del placer,
somos el resultado de un orgasmo que mal llevaron nuestros progenitores,
el error, el preservativo travieso que quiso jugar una pequeña broma,
el tambaleo de una vida que tenía luces,
el lamento de un hombre que por primera vez piensa en el suicidio.


Perfectamente calculado el canto sublime,
oculto entre ramas de un cerezo congelado,
en canto subliminal, amigo mío.
 
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