PORFIRIO
Poeta recién llegado
Cuando se acerca la noche y la luz se aleja,
mis ojos perciben rostros nobles y risueños.
Y así poco a poco es que la forma se bosqueja,
como si de la realidad nacieran los sueños…
Hermosas criaturas de perfección divina,
que aún siguen atadas a la pasión carnal.
De cuerpos etéreos… de contextura fina,
de sublime movimiento, voluptuoso e irreal.
Se deslizan cual brisa suave y nocturna,
danzando ante el reflejo de mi carne.
Buscan incesantes la visión taciturna,
que corroe mi alma y fluye en mi sangre.
Y vuelan, en todas partes veo su manifestación,
a pesar de que el día cubra su sombra.
Bailan… como la más celestial tentación,
estimulando mi cuerpo que así se asombra.
Ángeles… mis ángeles – mi deleite visual.
Su sola presencia me intimida y provocan
que mi alma regocije con su aura sensual
y mi piel se estremezca, cuando me tocan…
¡No hay seres más bellos sobre la tierra!
como mis ángeles, sin alas para volar…
Imperfectas ante Dios que los destierra
y vagan dondequiera que haya lugar.
Mis ojos malditos están cegados.
Su manifestación ya no puedo ver...
¿Acaso me han abandonado?
Aún siguen aquí, lo sé…
mis ojos perciben rostros nobles y risueños.
Y así poco a poco es que la forma se bosqueja,
como si de la realidad nacieran los sueños…
Hermosas criaturas de perfección divina,
que aún siguen atadas a la pasión carnal.
De cuerpos etéreos… de contextura fina,
de sublime movimiento, voluptuoso e irreal.
Se deslizan cual brisa suave y nocturna,
danzando ante el reflejo de mi carne.
Buscan incesantes la visión taciturna,
que corroe mi alma y fluye en mi sangre.
Y vuelan, en todas partes veo su manifestación,
a pesar de que el día cubra su sombra.
Bailan… como la más celestial tentación,
estimulando mi cuerpo que así se asombra.
Ángeles… mis ángeles – mi deleite visual.
Su sola presencia me intimida y provocan
que mi alma regocije con su aura sensual
y mi piel se estremezca, cuando me tocan…
¡No hay seres más bellos sobre la tierra!
como mis ángeles, sin alas para volar…
Imperfectas ante Dios que los destierra
y vagan dondequiera que haya lugar.
Mis ojos malditos están cegados.
Su manifestación ya no puedo ver...
¿Acaso me han abandonado?
Aún siguen aquí, lo sé…