Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando llueve hacia arriba,
los paraguas se vuelven inútiles,
y los peces nadan por los cielos,
buscando nubes donde esconderse.
Las flores crecen hacia el centro de la Tierra,
donde el sol nunca brilla,
y las estrellas se apagan con el alba,
cansadas de iluminar lo invisible.
Las montañas se deslizan como ríos,
subiendo lentamente al horizonte,
mientras los pájaros caminan sobre el agua,
y los barcos se anclan en las copas de los árboles.
El tiempo corre hacia atrás,
los relojes marcan las horas que ya fueron,
y los sueños se despiertan en la realidad,
donde los espejos reflejan el futuro.
Cuando llueve hacia arriba,
las lágrimas suben al cielo,
y las risas caen al suelo,
rompiéndose en mil pedazos de alegría.
Las palabras se hablan en silencio,
y los silencios gritan con fuerza,
las sombras buscan la luz,
y la luz se oculta en las sombras.
Los caminos llevan a ninguna parte,
y los destinos se encuentran en los comienzos,
los libros se leen al revés,
y las historias comienzan con el fin.
Las mariposas vuelan en líneas rectas,
y las piedras ruedan cuesta arriba,
los colores se mezclan en blanco y negro,
y los sonidos se ven con los ojos.
Cuando llueve hacia arriba,
el absurdo se convierte en norma,
y el caos es el orden natural,
donde todo tiene sentido y nada lo tiene.
Y en este mundo al revés,
donde lo imposible es posible,
vivimos en un sueño constante,
esperando que un día, tal vez,
llueva de nuevo hacia abajo.
los paraguas se vuelven inútiles,
y los peces nadan por los cielos,
buscando nubes donde esconderse.
Las flores crecen hacia el centro de la Tierra,
donde el sol nunca brilla,
y las estrellas se apagan con el alba,
cansadas de iluminar lo invisible.
Las montañas se deslizan como ríos,
subiendo lentamente al horizonte,
mientras los pájaros caminan sobre el agua,
y los barcos se anclan en las copas de los árboles.
El tiempo corre hacia atrás,
los relojes marcan las horas que ya fueron,
y los sueños se despiertan en la realidad,
donde los espejos reflejan el futuro.
Cuando llueve hacia arriba,
las lágrimas suben al cielo,
y las risas caen al suelo,
rompiéndose en mil pedazos de alegría.
Las palabras se hablan en silencio,
y los silencios gritan con fuerza,
las sombras buscan la luz,
y la luz se oculta en las sombras.
Los caminos llevan a ninguna parte,
y los destinos se encuentran en los comienzos,
los libros se leen al revés,
y las historias comienzan con el fin.
Las mariposas vuelan en líneas rectas,
y las piedras ruedan cuesta arriba,
los colores se mezclan en blanco y negro,
y los sonidos se ven con los ojos.
Cuando llueve hacia arriba,
el absurdo se convierte en norma,
y el caos es el orden natural,
donde todo tiene sentido y nada lo tiene.
Y en este mundo al revés,
donde lo imposible es posible,
vivimos en un sueño constante,
esperando que un día, tal vez,
llueva de nuevo hacia abajo.