Asklepios
Incinerando envidias
Cuando la gravedad dejó de obedecer,
todo giro fue olvidado. Y los sueños,
que desde siempre se habían estado
bañando en ese destino que jamás tuvo
rostro, comenzaron a caminar sobre
su propio y muy ligero secreto: todo
lo que debiera ser. Y no sobre esas
sombras de sueños olvidados que,
nunca, a nadie, nada han aportado.
todo giro fue olvidado. Y los sueños,
que desde siempre se habían estado
bañando en ese destino que jamás tuvo
rostro, comenzaron a caminar sobre
su propio y muy ligero secreto: todo
lo que debiera ser. Y no sobre esas
sombras de sueños olvidados que,
nunca, a nadie, nada han aportado.