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Cuando la gravedad dejó de obedecer

Asklepios

Incinerando envidias
Cuando la gravedad dejó de obedecer,

todo giro fue olvidado. Y los sueños,

que desde siempre se habían estado

bañando en ese destino que jamás tuvo

rostro, comenzaron a caminar sobre

su propio y muy ligero secreto: todo

lo que debiera ser. Y no sobre esas

sombras de sueños olvidados que,

nunca, a nadie, nada han aportado.
 
Cuando la gravedad dejó de obedecer,

todo giro fue olvidado. Y los sueños,

que desde siempre se habían estado

bañando en ese destino que jamás tuvo

rostro, comenzaron a caminar sobre

su propio y muy ligero secreto: todo

lo que debiera ser. Y no sobre esas

sombras de sueños olvidados que,

nunca, a nadie, nada han aportado.
Los sueños olvidados que no aportan nada.
El destino sin rostro podría ser un futuro lleno de posibilidades.

Saludos
 
Cuando la gravedad dejó de obedecer, algo en nosotros también se soltó.
Leí tu poema como quien flota en un instante sin dueño,
como si las palabras no cayeran al papel,
sino que danzaran entre lo que somos y lo que aún no nos animamos a ser.
Gracias por abrir esa ventana.
Desde la colmena, seguimos el zumbido de lo imposible.
 
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