Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Quedarse casi ciego leyendo las horas
no es especialmente un arte mágico
ni una afección que se cierne en la mirada.
No es un desliz de la orgánica compañía
sino más bien una estudiada defensa
para cuando pérdidas avasallan ganancias.
Un hecho ingrato que precede a la demencia
para diseñar un nuevo espacio nebuloso
donde alguna mentira acompaña al olvido.
Un trasiego de imágenes sin tiempo cierto
que se acumulan más allá de los recuerdos
y de la piel que los estuvo soportando.
Un festín para ácaros e invisibles criaturas
que se nutren de los ácidos que impregnan
nuestros colchones y nuestras miserias.
no es especialmente un arte mágico
ni una afección que se cierne en la mirada.
No es un desliz de la orgánica compañía
sino más bien una estudiada defensa
para cuando pérdidas avasallan ganancias.
Un hecho ingrato que precede a la demencia
para diseñar un nuevo espacio nebuloso
donde alguna mentira acompaña al olvido.
Un trasiego de imágenes sin tiempo cierto
que se acumulan más allá de los recuerdos
y de la piel que los estuvo soportando.
Un festín para ácaros e invisibles criaturas
que se nutren de los ácidos que impregnan
nuestros colchones y nuestras miserias.