Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Esta noche la musa no se ha aparecido
están sucediendo cosas tan extrañas
Las musas trabajan horarios definidos
y las soledades se van de vacaciones
Sólo me mantiene firme ante el teclado
ese eterno y enfermizo hábito de escribir cualquier cosa.
Sí... Cualquier cosa
No me preocupa mucho el causar desconciertos con mis ideas vagas
melosas y aburridas.
Tampoco el qué dirán.
Ya estoy muy "caminado" para eso.
La vieja apoltronada llamada ortografía
hace tiempo que dejó de darme consejos
desde la misma mañana
que el Consejo Escolar determinó que yo
era un niño de aprendizaje lento o de lento aprendizaje.
Sólo vienen las moscas, y eso... de vez en cuando
Cuando Mariana deja abiertas las puertas,
y sus silencios sueltos.
Me torturan las moscas
siempre contando cuentos con zumbidos
y dejando sus huellas enmeladas en mis labios partidos.
Y hablando de labios partidos... ¡Qué diré!...
De besos ya he contado... y ciertamente, de muchos más de los que me han besado,
o yo he besado.
Eso -quiero aclararlo-, no es cosa de poetas.
Más bien es cosa de mentiras.
Mitómano insaciable. Ese soy.
Puedo contar historias como si hubiera vivido tantas vidas.
Pero no.
Ya estoy cansado de eso: ¡No más mentiras!
Ahora voy a escribir puros oficios con sellos gubernamental y foliados.
Del Ministerio de la Andropausia al otro
("no lo digo, porque Mariana me espía"),
ella siempre ha creído que algún día escribiré algo valioso;
y antes de dormir no quiero conflictos: arruinan el sexo.
Los conflictos siempre son mejores después del desayuno.
Siempre conducen a la caminata callejera
que nada mala es para la buena digestión.
Pues nada...
que ha llegado la noche y sus perezas, y por aquí ya todo se acomoda:
La Gata a los tejados
Mariana a sus lecturas
Yo a mi guitarra eterna,
a destruir un poco a Villalobos
y hacer volver furioso desde la tumba a Mangoré.
La Musa anda de "farra", y eso que apenas es jueves.
Estoy solo.
Sin ayudas para mantener alejado a ese demonio que llaman silencio,
del que dicen..., que,
cuando se mete en el alma o en la mente,
no hay canto que lo pare ni sensación de gozo que lo duerma.
Que arruina tanto el cerebro del hombre que lo vuelve filósofo o profeta.
Aunque tengo certificado de "lentura"; no debo descuidarme ante el abismo.
Es noche ya.
La Musa habrá atrapado algún cliente.
Seguramente... algún joven.
Le gustan tiernos.
Primerizos...
de esos que suelen soñar un mar sin crestas
donde son tiburones a la caza, bajo la quieta luna.
Es noche.
Mañana tengo que llevar a Mariana a su casa
(disfrazada de enfermera)
para que viva un poco con su marido
y no murmuren las comadres de la vela perpetua;
y para que corroboren los vecinos
que tras las canas siempre hay gente correcta.
Mañana ya veremos.
Esperemos que La Musa no me mande justificante médico;
y si llega temprano...
talvez seré lo que siempre he sido:
supuesto de poeta.
están sucediendo cosas tan extrañas
Las musas trabajan horarios definidos
y las soledades se van de vacaciones
Sólo me mantiene firme ante el teclado
ese eterno y enfermizo hábito de escribir cualquier cosa.
Sí... Cualquier cosa
No me preocupa mucho el causar desconciertos con mis ideas vagas
melosas y aburridas.
Tampoco el qué dirán.
Ya estoy muy "caminado" para eso.
La vieja apoltronada llamada ortografía
hace tiempo que dejó de darme consejos
desde la misma mañana
que el Consejo Escolar determinó que yo
era un niño de aprendizaje lento o de lento aprendizaje.
Sólo vienen las moscas, y eso... de vez en cuando
Cuando Mariana deja abiertas las puertas,
y sus silencios sueltos.
Me torturan las moscas
siempre contando cuentos con zumbidos
y dejando sus huellas enmeladas en mis labios partidos.
Y hablando de labios partidos... ¡Qué diré!...
De besos ya he contado... y ciertamente, de muchos más de los que me han besado,
o yo he besado.
Eso -quiero aclararlo-, no es cosa de poetas.
Más bien es cosa de mentiras.
Mitómano insaciable. Ese soy.
Puedo contar historias como si hubiera vivido tantas vidas.
Pero no.
Ya estoy cansado de eso: ¡No más mentiras!
Ahora voy a escribir puros oficios con sellos gubernamental y foliados.
Del Ministerio de la Andropausia al otro
("no lo digo, porque Mariana me espía"),
ella siempre ha creído que algún día escribiré algo valioso;
y antes de dormir no quiero conflictos: arruinan el sexo.
Los conflictos siempre son mejores después del desayuno.
Siempre conducen a la caminata callejera
que nada mala es para la buena digestión.
Pues nada...
que ha llegado la noche y sus perezas, y por aquí ya todo se acomoda:
La Gata a los tejados
Mariana a sus lecturas
Yo a mi guitarra eterna,
a destruir un poco a Villalobos
y hacer volver furioso desde la tumba a Mangoré.
La Musa anda de "farra", y eso que apenas es jueves.
Estoy solo.
Sin ayudas para mantener alejado a ese demonio que llaman silencio,
del que dicen..., que,
cuando se mete en el alma o en la mente,
no hay canto que lo pare ni sensación de gozo que lo duerma.
Que arruina tanto el cerebro del hombre que lo vuelve filósofo o profeta.
Aunque tengo certificado de "lentura"; no debo descuidarme ante el abismo.
Es noche ya.
La Musa habrá atrapado algún cliente.
Seguramente... algún joven.
Le gustan tiernos.
Primerizos...
de esos que suelen soñar un mar sin crestas
donde son tiburones a la caza, bajo la quieta luna.
Es noche.
Mañana tengo que llevar a Mariana a su casa
(disfrazada de enfermera)
para que viva un poco con su marido
y no murmuren las comadres de la vela perpetua;
y para que corroboren los vecinos
que tras las canas siempre hay gente correcta.
Mañana ya veremos.
Esperemos que La Musa no me mande justificante médico;
y si llega temprano...
talvez seré lo que siempre he sido:
supuesto de poeta.
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