Orfelunio
Poeta veterano en el portal

Cuaderno de Bitácora
El Melocotón de Amílcar
(Comedia Teatral)
El mal actor se resiste siempre,
el buen actor no se viste,
se le entiende, aunque te engañe,
se desentiende.
La vista, que es pedimento,
si quiere serlo, sólo es intento;
yo de corista guardo silencio,
porque el artista se lleva dentro.
Si alguna vez haces teatro,
que quedes bien puesto en la cena,
así sabrán, si el retrato,
es un retrete en la mala escena.
¿Desde el ocaso,
debe preocupar mi situación
después de muerto,
si nada os preocupó estando vivo?
Hipocresía.
¿Sabe alguien, qué es morir?
Nadie sabe. Cuando se entiende,
no estás aquí, para enseñar,
para decir.
¿Sabe alguien, qué es vivir?
Todos saben, que estar aquí,
es no morir.
Por eso ardo en el infierno,
mi sin vivir, que es sufrir,
temor de estar solo contigo,
el compromiso. Si no lo hubiera…
Contigo, contigo.
¡Por la muerte de Pino Carrasco!
¿Qué haces aquí, Ulises?
Ya ves, que un banquete debe ser alto,
con más inri si se mete,
un actor de paso falto
con sus pies sobre el tapete.
Que no llegue hasta la meta,
que no deje su bonete,
y que lo echen de la fiesta.
Si actuando se le entiende,
sólo aquel entenderá
la alegría de la huerta,
por lo verde, si lo hay,
cuando un Lorca le despierta:
“Murió el gitano Pino,
las viejas llevaban luto,
y allá en el remolino,
verdugos sólo lloraban
la muerte con su disgusto,
del corte que no contaban
tapando al buen difunto.
De un sueño tan profundo
despertó Pino Carrasco,
y creyó por apellido,
que lo del Pino era un fiasco.
¡Lolilla!
Sí…, ¿Pino?
No me llames Pino,
que me da un no sé qué;
ya sabes lo del sino,
llámame después.
¿Después?...
¿Después de qué?
De que mate a su motivo
y no muera otra vez.
¡Qué romancero eres, gitano!
Con esos vivos que tienes,
color que muda al desgarbo,
se tienden sobre tus pieles
murmullos de ríos albos.
Y en ese lunar de sombra
que alegra toda mañana,
jabones de las mil pompas
perfuman tu verde barba.
De esa casita blanca
tan limpia y tan repeinada,
aromas, cuando lolilla,
se asoma por la ventana.
Sales al pueblo altivo,
la calle viste de gala,
porque un gitano de estío
adorna toda la plaza.
Te espera un compadre vivo
que esconde su puñalada;
no esperas ser agresivo
y explicas lo de tu amada,
diciendo todo aterido,
¡que temes a la aserrada!
El otro con su motivo
ya saca su mala faca;
te acatas, no eres esquivo,
ya va por la retaguardia.
Lo vieron hombres del pueblo,
contaron a los dos guardas,
que un hombre llamado Sino,
hirió de muerte en el cuello
al Pino que idolatraban.
La madre llora a la virgen
consuelo de toda alma;
el padre viene del campo,
perdices lleva de albarda;
y al ver los ríos de pena
presentes en la ensenada,
presiente que es la condena
castigo de la matanza.
Mataron al hijo verde
por regla de la venganza,
los padres de las dos liebres
que el Sino lleva en la mata.
¡Perdices!, dijeron todos,
perdices lo que llevaba.
Perdices, lo que quisierais,
¡perdices!, y no pinadas.
Me gustó Ulises, me gustó.
Perece Lorca, y lo parece…
No, no, Pompeyo.
Es de un tal Orfelunio.
Lugar poético.
No vas mal desencaminado.
Un lunático que vivirá
allá por el siglo plenilunio,
o eso cree él.
Y dime… ¿Adónde vas?
Yo, Pompeyo el Verde,
diviso la costa…
¡África!
Egipto me espera.
Sé, que la muerte está cerca.
¡Por el Imperio le den!
al gilipollas de César.
Medito… Su hija,
la puta aquella.
Su padre…, mi amigo.
Estoy viejo,
y Cleopatra insiste.
¡Ay!, cuando sepa lo del hijo.
Esto es una orgía.
La traición me grita.
Las estatuillas tiemplan.
¡Senadores de mierda!
No es tan distinto mi mundo
como el de esa estrella.
¡Eh!, al que escribe en la pantalla,
no se te olvide, yo fui la piedra,
y tú, si vives, no te equivoque la ortografía;
será distinta, quizá plebeya…
¿Cantares de gesta?¿Contando nuevas?
No te confundas,
mentiras todas
y alguna cierta;
porque la muerte no perdona,
aunque nos venguen,
pero te lleva,
y no hay más mundo
que pelear la guerra.
Me voy al camarote,
a ver quién sale hoy
en sálvame de Lux;
llevan todo el mes
con el mariquita
de Marco Antonio.
No es que quiera ser el prota,
ni salir en viceversa,
ni en enemigos íntimos.
Quizá alguna película en AXN…
¡Hombre!, la Caída del Imperio Romano.
¡Hala, a disfrutar!,
ya que yo no pude…
¡Que se jodan!
¡General!, un tal Mail
acaba de llegar;
es el correo Pretronío.
¡Pásamelo!
Pesa mucho, mi general.
He dicho más de una vez,
que el correo pesado
me venga por nife.
Perdón señor…
Es el no deseado.
No me rectifiques,
que nadie desea un peso
salvo en algún que otro lugar.
¿Lo tienes claro?
Más que el cloro,¡señor!
¿Qué es eso del cloro soldado?
Parece ser, algo que será,
indispensable, para vivir.
¿Por qué me hablas con misterios?
Será pues como las fornicadoras vestiales.
Estoy deseando probarlo…
¡Pompeeeeeyoooo!
¿Qué quieeeereees… Pititaaa?
¡Te espeeeeeroooo…..!
¡Joder!,
con lo bien que estaba en proa
y me requieren en la popa.
¡Qué verde eres Pompeyo!,
más verde que un pino verde.
Pues toma, toma, y toma.
Ya está. Mañana más.
Jeje, será con otra,
que esta no desembarca.
¡Eh, tú!, y ahí,
¿cómo lo lleváis?
Ya veo, ya veo,
lleno de Lomanas sedientas.
¡Goooollll!
Ya estamos,
la tropa viendo el pietbol,
tomando birra;
seguro que es el Pessi
de los cojones.
Descanso
Relax
Compresas
Limpieza del Ajax
Publicidad.
¡Coño!
Ahora que iban a matar a César…
Haré un poco de zarping.
Noticias para vos.
A ver, a ver qué me dicen…
Investigadores de la universidad de Pontenblanco
han descubierto un informe médico,
antiquísimo, sobre disfunciones,
que padeció Pompeyo en su viaje a África:
Pérdida de cabello.
¡Menudo descubrimiento!
Impotencia.
¡Qué?
Palatina perdida de la memoria.
Uhmm
Y trastorno rotor
de la personalidad.
En eso han acertado.
Si voy, me vengo…
O vuelvo.
Y no murió asesinado,
se suicidó.
¡Seré gilycésar!
Esto me ha matao.
¡Vaya por Jupi!,
se acabó la función.
¡Centurión!
Que venga Telémaco.
¿Señor?
Arregla la tele, majo…
No es un problema
de Aquí Metes,
es un problema de Telegón.
Pues que venga Telégono.
Ring, ring, ring…
¿En bicicleta?,
pero si estamos en la mar.
Será un tiburón.
Estos galos, ¡cómo son!
Ya ha vuelto el computón.
A ver que hay por ahí…
¡Gladiator!
Sorprendido me ha esta tragedia.
¡Cuánta mentira!
Pero si ese fue un cagarrutas
que se cagaba en los faldones.
Subiré a proa,
que me acaricien
los vientos marinos.
¡Qué tranquila está la mar!
¡Ahora!, ahora hay viento…
Puaf… ¡Qué olor!
Eolo, ¿qué comiste, boy?
Nada, es de ayer,
todo, es de hoy.
Mis vientos
son presentes,
los tuyos nada son.
Vaya… Estás muy poético.
Y tú patético.
Mira que no subí a discutir,
ni a escuchar pomposía;
sólo el canto de las sirenas.
No soy Eolo,
soy el Eco.
Pompeyo aún no llegó,
se está tratando la prosopopeya
que enfermó.
Y tú, de Ítaca, en Ítaca,
Peloponeso, Penelopón.
Te contaré un secreto olímpico
ahora que has vuelto;
porque te fuiste, ¿no?,
aunque nadie lo vio…
Estás aquí,
porque alguien la metió.
¿Te acuerdas de Cornelio Desquina?
Pues fue un descendiente del tal,
llamado Cornelio Desquina Laempotra
quien dignóse ser el primero en marcar.
No tienes porqué llegar a la costa.
Recorramos el mundo,
dejemos hijos, aquí y allá.
¡Seamos los vientos Odíseos!
¿Por los hijos te excusas
y eres de los del cirio del frente?
Y la vestial... ¿Qué hacemos con ella?
¿No te gustan los tríos?
No, no. Me gustan las trías, pero…
¡Acepto, cabrón!
¿Cómo lo sabes?
La lógica de Amílcar…
Melocotón, que de tanto es pera,
y más, no esperó.
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