Hector javier
Poeta recién llegado
Cruzando la alameda
Día laboral, al término del invierno y empezando la primavera. Salir de casa muy abrigado y ya al medio día el calor y el gentío que agobia, traspirando recorro las calles con esa vorágine del reloj que no se detiene, y mi estómago que ya me esta pidiendo mi almuerzo , cruzo la alameda casi corriendo antes que cambie el semáforo, al llegar a la otra orilla siento un vacío en mi, que algo me falta, escucho rechinar los frenos de los vehículos , miro y te veo ahí despaturrada llena de sangre y el gentío arremolinada a tu alrededor. Lo único que en ese momento me salió decirte es ¡ Te dije mil veces que no cruzaras la calle sola ¡, adiós mi pulga querida.
Día laboral, al término del invierno y empezando la primavera. Salir de casa muy abrigado y ya al medio día el calor y el gentío que agobia, traspirando recorro las calles con esa vorágine del reloj que no se detiene, y mi estómago que ya me esta pidiendo mi almuerzo , cruzo la alameda casi corriendo antes que cambie el semáforo, al llegar a la otra orilla siento un vacío en mi, que algo me falta, escucho rechinar los frenos de los vehículos , miro y te veo ahí despaturrada llena de sangre y el gentío arremolinada a tu alrededor. Lo único que en ese momento me salió decirte es ¡ Te dije mil veces que no cruzaras la calle sola ¡, adiós mi pulga querida.