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CrÓnicas de un vendedor 3

MikJaeL

Poeta recién llegado
Mensaje para Yudy: Y no me viste

Hola:
No puedo encontrar las palabras precisas para iniciar correctamente este texto. Quizá lo recibas como un mensaje tonto, vano y desechable. Anteriormente he escrito algunos correos para ti, y no estoy seguro de si te agrada leerlos tanto como a mí me encanta escribirlos.

Ayer te vi por la tarde, alrededor de la 1:00pm. Esta vez no recuerdo tu traje, ni recuerdo perfectamente el color de tu cartera. Recuerdo algunas cosas muy afinadamente: tus ojos (radiantes, risueños y tan admirables como siempre), tu rostro (aquel que únicamente se me permite mirar y esperar, a fin de que me otorgue una gloriosa respuesta con un grácil giro) y tu pelo, tus rizos (los que no puedo ver expuestos en su gloria total y así quedar tonto, despistado y dichoso).

Tú no me notaste como en muchas otras veces y pasaste de largo, con unos compañeros tuyos (a los que imperceptiblemente envidié: ellos te pueden ver a diario y tú los ves a diario). Yo fui a la UTEA para visitar a un amigo mío, José Morales. Él es jefe, encargado o algo de la Oficina de Recursos Humanos, yo entré, le salude, me propino un abrazo efusivo y me invitó a la calle. Entramos a una tienda frente a la puerta de la U, a un lado del paradero.

Él me preguntó:
— A que no sabes con quien me he visto
— No sé — le contesté
— ¿Es varón o mujer? — pregunté
— Es varón, y es un varón bandido — me contestó y soltó unas risas
— Con tu papá — prosiguió

Luego me narró que mi papá caminaba por uno de los pasillos y sólo cruzaron miradas cuando se toparon. Me preguntó si mi padre nos visita seguidamente y le dije que no sabía que él estaba en Abancay, que viene una vez al año si se acuerda. Yo le dije que no extraño a mi papá, que es para mí como un pariente lejano, que no me entusiasma sus llegadas.

Luego me preguntó si mi padre nos daba algún dinero y le contesté que no. Le comenté de un recuerdo bien esculpido es mi memoria: mi padre adjunta seiscientos soles a un cuaderno y me los hace ver, yo me aseguro de que los seis billetes celestes de cien soles cada uno lleguen a mi mami.

Le conté al señor que mi padre me traía Sapito o Kiwilokos cuando llegaba y yo me sentía extremadamente feliz. También me sentía contento al momento en que mi padre se marchaba y me dejaba, con una moneda de cinco soles en la mano. Era feliz y radiante: tenía de mi padre lo que muchas veces no recibía de mi madre. Amaba al viejo, y a mi madre no tanto. Pero crecí y las cosas cambiaron.

Y mientras narraba esas experiencias al señor Morales, pasó algo fascinante: tú. Apareciste en el cuadro y floreciste de manera egregia. Y te agradezco ese regalito espontáneo que me diste.

Quizá te quiera mucho más, mucho, mucho, mucho más que a mi padre. Y eso no es un chiste, es algo serio. Gracias por haberme permitido entrar en tu vida Yudy, estoy hondamente agradecido.

Te quiero y extaño mucho.



Enviado: jueves, 20 de mayo de 2010 02:29:52 p.m.
Para: Flor Yudy
 
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