jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me acuerdo de cuando era niño
y la vida se me antojaba el invento más maravilloso
jamás creado
de aquellas tardes jugando futbol en la calle
con mis amigos de la cuadra
de mis trompos y mis canicas
de la pared de aquel pequeño cuarto donde por
las mañanas pegaba el sol causando el brillante
resplandor que me hacía despertar
un resplandor que parecía cubrir todas las horas
del día
todas las cosas que hacía a lo largo del día
me acuerdo de lo mucho que me interesaba
estudiar
hacer bien mis tareas
sacar el primer lugar en matemáticas y español y
geografía
crecer y conseguir un buen trabajo y ayudar a mis
padres cuando se hicieran viejos
me acuerdo de mi fe en los grandes ideales
la justicia, la verdad, el honor
y del miedo que me daba poder acabar en el infierno
si decía mentiras
o me tocaba allá abajo
o trataba de verles las bragas a las niñas
me acuerdo del fondo de culpa que había en robarme
las galletas de la alacena
o en sentir envidia porque a mi hermano le regalaran
una bicicleta más bonita
me acuerdo muy bien de todo aquello pero ya no logro
ponerme en el lugar de aquel niño
¿de dónde provenía su felicidad, sus ganas de vivir?
un eclipse crónico apagó hace ya bastantes años aquel
resplandor que iluminó mi infancia
y mi vida transcurre ahora a la sombra
y me siento amargado y jodido
y mis padres me odian y yo los odio a ellos
y por mí que se mueran
y yo también
que me vaya lo más pronto posible de este hediondo
agujero que es la tierra
donde no hay justicia ni verdad ni honor
y las mentiras afloran como la hierba en abril
y ya vi todas la bragas que me hacía falta ver para
quedar hastiado
puta vida
qué tienes de bueno aparte de poder embriagarme
y acordarme a veces
algunas tardes
de aquella luz en el desván
de aquellas risas
de aquel niño
que ya no es más
que un cadáver
viviente
y la vida se me antojaba el invento más maravilloso
jamás creado
de aquellas tardes jugando futbol en la calle
con mis amigos de la cuadra
de mis trompos y mis canicas
de la pared de aquel pequeño cuarto donde por
las mañanas pegaba el sol causando el brillante
resplandor que me hacía despertar
un resplandor que parecía cubrir todas las horas
del día
todas las cosas que hacía a lo largo del día
me acuerdo de lo mucho que me interesaba
estudiar
hacer bien mis tareas
sacar el primer lugar en matemáticas y español y
geografía
crecer y conseguir un buen trabajo y ayudar a mis
padres cuando se hicieran viejos
me acuerdo de mi fe en los grandes ideales
la justicia, la verdad, el honor
y del miedo que me daba poder acabar en el infierno
si decía mentiras
o me tocaba allá abajo
o trataba de verles las bragas a las niñas
me acuerdo del fondo de culpa que había en robarme
las galletas de la alacena
o en sentir envidia porque a mi hermano le regalaran
una bicicleta más bonita
me acuerdo muy bien de todo aquello pero ya no logro
ponerme en el lugar de aquel niño
¿de dónde provenía su felicidad, sus ganas de vivir?
un eclipse crónico apagó hace ya bastantes años aquel
resplandor que iluminó mi infancia
y mi vida transcurre ahora a la sombra
y me siento amargado y jodido
y mis padres me odian y yo los odio a ellos
y por mí que se mueran
y yo también
que me vaya lo más pronto posible de este hediondo
agujero que es la tierra
donde no hay justicia ni verdad ni honor
y las mentiras afloran como la hierba en abril
y ya vi todas la bragas que me hacía falta ver para
quedar hastiado
puta vida
qué tienes de bueno aparte de poder embriagarme
y acordarme a veces
algunas tardes
de aquella luz en el desván
de aquellas risas
de aquel niño
que ya no es más
que un cadáver
viviente