IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
El universo
es el pulcro reflejo de nosotros mismos,
si un creador nos creó,
también hubo de crear
la fortuna en otros universos,
es difícil pensar
en algo único y diferente
a nuestro espacio y materia,
aún así,
no hay dios impuesto, ni religión humana,
que abarque mis creencias,
aunque creer en un creador
nos vuelve creación,
porque si nosotros podemos crear,
el universo ha de tener también un creador,
porque lo que se desconoce,
no se debe de negar,
o de tratar como algo perfecto,
porque todo tiene una causa
y un direccionamiento,
la vida y su belleza
es la extrañeza de su armonía,
y somos esa extrañeza,
construyendo armonía
dentro de una armonía más grande,
la perfección no existe en ningún ámbito,
solo es un desconocimiento
de un conocimiento superior
o más profundo,
no hay ciclos repetitivos
de un infinito inconmensurable,
por más inmenso que sea el universo,
todo tiene un comienzo
y todo tiene un final,
todo tiende a realzar
los conceptos que nos impulsan
a querer redescubrirnos entre las estrellas,
somos sus sedimentos,
sus cenizas,
su luz siempre amanecida,
somos la esencia de algún dios,
que también ha de tener
su tiempo sentenciado,
los márgenes de los límites físicos
nos dan una idea
de la imponente complejidad
del firmamento apreciado,
y todo lo que no podemos apreciar
es quizás,
la respuesta
a todas nuestras preguntas.
es el pulcro reflejo de nosotros mismos,
si un creador nos creó,
también hubo de crear
la fortuna en otros universos,
es difícil pensar
en algo único y diferente
a nuestro espacio y materia,
aún así,
no hay dios impuesto, ni religión humana,
que abarque mis creencias,
aunque creer en un creador
nos vuelve creación,
porque si nosotros podemos crear,
el universo ha de tener también un creador,
porque lo que se desconoce,
no se debe de negar,
o de tratar como algo perfecto,
porque todo tiene una causa
y un direccionamiento,
la vida y su belleza
es la extrañeza de su armonía,
y somos esa extrañeza,
construyendo armonía
dentro de una armonía más grande,
la perfección no existe en ningún ámbito,
solo es un desconocimiento
de un conocimiento superior
o más profundo,
no hay ciclos repetitivos
de un infinito inconmensurable,
por más inmenso que sea el universo,
todo tiene un comienzo
y todo tiene un final,
todo tiende a realzar
los conceptos que nos impulsan
a querer redescubrirnos entre las estrellas,
somos sus sedimentos,
sus cenizas,
su luz siempre amanecida,
somos la esencia de algún dios,
que también ha de tener
su tiempo sentenciado,
los márgenes de los límites físicos
nos dan una idea
de la imponente complejidad
del firmamento apreciado,
y todo lo que no podemos apreciar
es quizás,
la respuesta
a todas nuestras preguntas.