En los tapizados arenales
de la muerte grotesca,
recosté mi pasado.
Cansado de galopar
futiles esperanzas,
por los senderos ciegos
de la mediocridad
y la distancia.
Solo tus ojos
me ofrecen una tregua,
en estos campos del terror
que acompañan mi senda
de lamentos y versos.
Nada nos une,
pequeña princesa del perdón,
solo la vida,
solo la muerte,
solo todo lo que hace
que tú seas tú,
y que yo, pese al tiempo,
siga siendo yo,
algunas veces.
Y que quedas, yéndote,
como siempre, a buscar
ese príncipe entre las páginas
de algún mágico libro
que te imagina como sueñas.
Y me quedo, yéndome,
como nunca,
esquivando las balas
de tu ceguera imperturbable.
Huyendo en agonía
del mustio cementerio del destino
que amenaza mis alas.
Hasta que hoy
me sorprendió la noche
tapado de nostalgia
y esperando tu risa.
Si es que vienes...
no me busques entre páginas hechizadas
ni libros con corona.
Esta vez búscame
bajo la sombra de otro féretro.
El mío.
de la muerte grotesca,
recosté mi pasado.
Cansado de galopar
futiles esperanzas,
por los senderos ciegos
de la mediocridad
y la distancia.
Solo tus ojos
me ofrecen una tregua,
en estos campos del terror
que acompañan mi senda
de lamentos y versos.
Nada nos une,
pequeña princesa del perdón,
solo la vida,
solo la muerte,
solo todo lo que hace
que tú seas tú,
y que yo, pese al tiempo,
siga siendo yo,
algunas veces.
Y que quedas, yéndote,
como siempre, a buscar
ese príncipe entre las páginas
de algún mágico libro
que te imagina como sueñas.
Y me quedo, yéndome,
como nunca,
esquivando las balas
de tu ceguera imperturbable.
Huyendo en agonía
del mustio cementerio del destino
que amenaza mis alas.
Hasta que hoy
me sorprendió la noche
tapado de nostalgia
y esperando tu risa.
Si es que vienes...
no me busques entre páginas hechizadas
ni libros con corona.
Esta vez búscame
bajo la sombra de otro féretro.
El mío.
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