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Con solo un día

moles

Poeta fiel al portal
CON SOLO UN DÍA

Dónde habría llegado con un día
alojado en aquella residencia,
su espíritu colmado de impaciencia
con la ropa campestre que vestía.

Rebosando en las manos poesía,
y en el vientre vacío la impotencia
si hasta sentir la suave inapencia
allí se merendaba cada día.

Sobrado hubiera estado algún poema
para quemar adentros como quema,
acaso en su recuerdo insatisfecho.

Solo un día sembrando la semilla
en un rincón por ver la maravilla
brotar de aquel jardín en su barbecho.


Salva González Moles
2/3/2026


N.A.: Contraste de mundos. La Residencia de Estudiantes de Madrid representaba el foco intelectual refinado, mientras que Hernández representaba una voz poética más popular y campesina. A diferencia de otros residentes Miguel Hernández no obtuvo beca alguna para sufragar esos gastos y vivió principalmente en pensiones modestas durante sus estancias en Madrid, como la situada en la calle Vallehermoso 96, cerca de las instalaciones de Espasa-Calpe donde colaboraba. Fuente: la tesidencia de estudiantes y miguel ha hernandez - Buscar con Google
 
Última edición:
Hermoso soneto a mi admirado Miguel Hernández, que leyéndolo estará bajo esos almendros que en Orihuela ya están en flor
Abrazo
PD acabo de ver la nota aclaratoria donde debiera indicar el desprecio que Lorca le mostró en diversas ocasiones. A continuación, por su interés transcribo la carta que Miguel le escribió a Federico y que decía así:

A Federico García Lorca
Orihuela, 10 de abril de 1933

Admirado poeta amigo:
Le escribí hace mucho pidiéndole elogios, aunque ya se los había oído para mi “Perito en lunas”. Y aquí me tiene usted esperándolos —entre otras cosas.
He pensado, ante su silencio, que usted me tomó el pelo a lo andaluz en Murcia —¿recuerdaaa?—, que para usted fuimos, o fui, lo que recuerdo que nos dijo cuando le preguntamos quién era uno que le saludó. “Ese —dijo uno de los de: ¡adiós!, cuando les vemos—”. Y luego “me escriben muchas cartas a las que yo no contesto”. ¿Puedo estar ofendido contigo?

Perdone. Pero se ha quedado todo: prensa, poetas, amigos, tan silencioso ante mi libro, tan alabado —no mentirosamente, como dijo— por usted la tarde aquella murciana, que he maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie.

Usted sabe bien que en este libro mío hay cosas que se superan difícilmente y que es un libro de formas resucitadas, renovadas, que es un primer libro y encierra en sus entrañas más personalidad, más valentía, más cojones —a pesar de su aire falso de Góngora— que todos los de casi todos los poetas consagrados, a los que si se les quitara la firma se les confundiría la voz. Por otra parte, aquí, en mi pueblo —¡pueblo mío!—, donde al que me gritaba: Yo te he comprado un libro creyéndole bueno y me has dado arpillera, yo he leído a Campoamor... ¡Ea!, decía yo:
Ved los periódicos de Madrid pronto, he quedado en ridículo, porque de toda la prensa madrileña, solo Informaciones se desvirgó hablando de mis poemas por el pico de Alfredo Marqueríe, diciendo cuatro burradas.

El tío, antes de decir: ¡Qué burro soy!, dijo: ¡Se ha extraviado el poeta, se ha oscurecido! Por otra parte, en mi casa soy el cristo de los cinco sampedros: me niegan la mitad del pan; me niegan, padre y madre y sus hijos, como hijo de aquéllos, como hermano de éstos; les avergüenza el que haga versos; no quieren darme vestidos nuevos, y hasta a los pantalones viejos que tengo no les quieren poner remiendos, que amordacen rotos proclamadores de nalgas mías.

Hoy mismo, hoy, me han escondido la llave del huerto para que pudiera entrar en él. Y yo he saltado a la torera la tapia, no la valla, y aquí, en este chiquero de abril, aquí, donde ha tenido el suyo Perito en lunas este estío, bajo esta higuera, que dilataba hasta sus pámpanos mi carne de acordeón semejante a una palmera degollada, aquí le escribo esto desesperado, desesperado. Me alegran las noticias que leo —de prestado— de los triunfos que se suceden, que se suceden. ¡Me alegran! y le envidio. El otro día he visto en El Sol la crítica de un libro de romances.

El crítico dice que al pronto resuena la voz suya, pero que soplo a primera vista. Yo, nada más por el ejemplo que pone allí de romance, adivino en ese Félix no sé qué un plagiador casi. Federico: no quiero que me compadezca; quiero que me comprenda.�

Aquí, en mi huerto, en un chiquero, aguardo respuesta feliz suya, y pronto, o respuesta simplemente; aquí, pegado como un cartel a esta tapia, detrás, de la cual viven padres pobres, con tantos hijos y tan poca casa, que, para que los niños no vean los orígenes de su fabricación, el comienzo de sus hermanos, se salen al callejón a reanudarse las noches más empinadas.

Un abrazo,

Miguel Hernández,
 
Hermoso soneto a mi admirado Miguel Hernández, que leyéndolo estará bajo esos almendros que en Orihuela ya están en flor
Abrazo
PD acabo de ver la nota aclaratoria donde debiera indicar el desprecio que Lorca le mostró en diversas ocasiones. A continuación, por su interés transcribo la carta que Miguel le escribió a Federico y que decía así:

A Federico García Lorca
Orihuela, 10 de abril de 1933

Admirado poeta amigo:
Le escribí hace mucho pidiéndole elogios, aunque ya se los había oído para mi “Perito en lunas”. Y aquí me tiene usted esperándolos —entre otras cosas.
He pensado, ante su silencio, que usted me tomó el pelo a lo andaluz en Murcia —¿recuerdaaa?—, que para usted fuimos, o fui, lo que recuerdo que nos dijo cuando le preguntamos quién era uno que le saludó. “Ese —dijo uno de los de: ¡adiós!, cuando les vemos—”. Y luego “me escriben muchas cartas a las que yo no contesto”. ¿Puedo estar ofendido contigo?

Perdone. Pero se ha quedado todo: prensa, poetas, amigos, tan silencioso ante mi libro, tan alabado —no mentirosamente, como dijo— por usted la tarde aquella murciana, que he maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie.

Usted sabe bien que en este libro mío hay cosas que se superan difícilmente y que es un libro de formas resucitadas, renovadas, que es un primer libro y encierra en sus entrañas más personalidad, más valentía, más cojones —a pesar de su aire falso de Góngora— que todos los de casi todos los poetas consagrados, a los que si se les quitara la firma se les confundiría la voz. Por otra parte, aquí, en mi pueblo —¡pueblo mío!—, donde al que me gritaba: Yo te he comprado un libro creyéndole bueno y me has dado arpillera, yo he leído a Campoamor... ¡Ea!, decía yo:
Ved los periódicos de Madrid pronto, he quedado en ridículo, porque de toda la prensa madrileña, solo Informaciones se desvirgó hablando de mis poemas por el pico de Alfredo Marqueríe, diciendo cuatro burradas.

El tío, antes de decir: ¡Qué burro soy!, dijo: ¡Se ha extraviado el poeta, se ha oscurecido! Por otra parte, en mi casa soy el cristo de los cinco sampedros: me niegan la mitad del pan; me niegan, padre y madre y sus hijos, como hijo de aquéllos, como hermano de éstos; les avergüenza el que haga versos; no quieren darme vestidos nuevos, y hasta a los pantalones viejos que tengo no les quieren poner remiendos, que amordacen rotos proclamadores de nalgas mías.

Hoy mismo, hoy, me han escondido la llave del huerto para que pudiera entrar en él. Y yo he saltado a la torera la tapia, no la valla, y aquí, en este chiquero de abril, aquí, donde ha tenido el suyo Perito en lunas este estío, bajo esta higuera, que dilataba hasta sus pámpanos mi carne de acordeón semejante a una palmera degollada, aquí le escribo esto desesperado, desesperado. Me alegran las noticias que leo —de prestado— de los triunfos que se suceden, que se suceden. ¡Me alegran! y le envidio. El otro día he visto en El Sol la crítica de un libro de romances.

El crítico dice que al pronto resuena la voz suya, pero que soplo a primera vista. Yo, nada más por el ejemplo que pone allí de romance, adivino en ese Félix no sé qué un plagiador casi. Federico: no quiero que me compadezca; quiero que me comprenda.�

Aquí, en mi huerto, en un chiquero, aguardo respuesta feliz suya, y pronto, o respuesta simplemente; aquí, pegado como un cartel a esta tapia, detrás, de la cual viven padres pobres, con tantos hijos y tan poca casa, que, para que los niños no vean los orígenes de su fabricación, el comienzo de sus hermanos, se salen al callejón a reanudarse las noches más empinadas.

Un abrazo,

Miguel Hernández,
Este comentario encierra la esencia del desprecio, la falta de aprecio. Tendré que leer más veces esa desgarradora carta del que hambriento intuía todas las meriendas de poetas mucho más bajos que él. Me alegro de haber escrito lo que he escrito.
Gracias Pepe, por todo.
Salva.
 
CON SOLO UN DÍA

Dónde habría llegado con un día
alojado en aquella residencia,
su espíritu colmado de impaciencia
con la ropa campestre que vestía.

Rebosando en las manos poesía,
y en el vientre vacío la impotencia
si hasta sentir la suave inapencia
allí se merendaba cada día.

Sobrado hubiera estado algún poema
para quemar adentros como quema,
acaso en su recuerdo insatisfecho.

Solo un día sembrando la semilla
en un rincón por ver la maravilla
brotar de aquel jardín en su barbecho.


Salva González Moles
2/3/2026


N.A.: Contraste de mundos. La Residencia de Estudiantes de Madrid representaba el foco intelectual refinado, mientras que Hernández representaba una voz poética más popular y campesina. A diferencia de otros residentes Miguel Hernández no obtuvo beca alguna para sufragar esos gastos y vivió principalmente en pensiones modestas durante sus estancias en Madrid, como la situada en la calle Vallehermoso 96, cerca de las instalaciones de Espasa-Calpe donde colaboraba.
Un homenaje histórico que busca en la solemnidad del soneto clásico evocar la figura del gran poeta y ser humano que fue Miguel Hernández. El poema posee una intención narrativa digna y un respeto evidente por la tradición, pero el resultado es una pieza que se siente más como un ejercicio de versificación que como una revelación poética. La emoción está contenida, así lo siento, mi querido amigo.

La imagen final del "jardín en su barbecho" recupera la esencia telúrica de Hernández y cierra el poema con una metáfora agrícola coherente con su biografía. La nota al pie demuestra una investigación previa loable que, lamentablemente, no se transfiere con claridad al texto que tiene, entre otras cosas, un error de transcripción en el séptimo verso: seguramente, querido Salvador, quisiste decir "inapetencia", tú nos dirás.

El comentario de Pepe, y su contribución, no tiene desperdicio.

Un abrazo,

Elhi
 
Hermoso soneto a mi admirado Miguel Hernández, que leyéndolo estará bajo esos almendros que en Orihuela ya están en flor
Abrazo
PD acabo de ver la nota aclaratoria donde debiera indicar el desprecio que Lorca le mostró en diversas ocasiones. A continuación, por su interés transcribo la carta que Miguel le escribió a Federico y que decía así:

A Federico García Lorca
Orihuela, 10 de abril de 1933

Admirado poeta amigo:
Le escribí hace mucho pidiéndole elogios, aunque ya se los había oído para mi “Perito en lunas”. Y aquí me tiene usted esperándolos —entre otras cosas.
He pensado, ante su silencio, que usted me tomó el pelo a lo andaluz en Murcia —¿recuerdaaa?—, que para usted fuimos, o fui, lo que recuerdo que nos dijo cuando le preguntamos quién era uno que le saludó. “Ese —dijo uno de los de: ¡adiós!, cuando les vemos—”. Y luego “me escriben muchas cartas a las que yo no contesto”. ¿Puedo estar ofendido contigo?

Perdone. Pero se ha quedado todo: prensa, poetas, amigos, tan silencioso ante mi libro, tan alabado —no mentirosamente, como dijo— por usted la tarde aquella murciana, que he maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie.

Usted sabe bien que en este libro mío hay cosas que se superan difícilmente y que es un libro de formas resucitadas, renovadas, que es un primer libro y encierra en sus entrañas más personalidad, más valentía, más cojones —a pesar de su aire falso de Góngora— que todos los de casi todos los poetas consagrados, a los que si se les quitara la firma se les confundiría la voz. Por otra parte, aquí, en mi pueblo —¡pueblo mío!—, donde al que me gritaba: Yo te he comprado un libro creyéndole bueno y me has dado arpillera, yo he leído a Campoamor... ¡Ea!, decía yo:
Ved los periódicos de Madrid pronto, he quedado en ridículo, porque de toda la prensa madrileña, solo Informaciones se desvirgó hablando de mis poemas por el pico de Alfredo Marqueríe, diciendo cuatro burradas.

El tío, antes de decir: ¡Qué burro soy!, dijo: ¡Se ha extraviado el poeta, se ha oscurecido! Por otra parte, en mi casa soy el cristo de los cinco sampedros: me niegan la mitad del pan; me niegan, padre y madre y sus hijos, como hijo de aquéllos, como hermano de éstos; les avergüenza el que haga versos; no quieren darme vestidos nuevos, y hasta a los pantalones viejos que tengo no les quieren poner remiendos, que amordacen rotos proclamadores de nalgas mías.

Hoy mismo, hoy, me han escondido la llave del huerto para que pudiera entrar en él. Y yo he saltado a la torera la tapia, no la valla, y aquí, en este chiquero de abril, aquí, donde ha tenido el suyo Perito en lunas este estío, bajo esta higuera, que dilataba hasta sus pámpanos mi carne de acordeón semejante a una palmera degollada, aquí le escribo esto desesperado, desesperado. Me alegran las noticias que leo —de prestado— de los triunfos que se suceden, que se suceden. ¡Me alegran! y le envidio. El otro día he visto en El Sol la crítica de un libro de romances.

El crítico dice que al pronto resuena la voz suya, pero que soplo a primera vista. Yo, nada más por el ejemplo que pone allí de romance, adivino en ese Félix no sé qué un plagiador casi. Federico: no quiero que me compadezca; quiero que me comprenda.�

Aquí, en mi huerto, en un chiquero, aguardo respuesta feliz suya, y pronto, o respuesta simplemente; aquí, pegado como un cartel a esta tapia, detrás, de la cual viven padres pobres, con tantos hijos y tan poca casa, que, para que los niños no vean los orígenes de su fabricación, el comienzo de sus hermanos, se salen al callejón a reanudarse las noches más empinadas.

Un abrazo,

Miguel Hernández,
Un homenaje histórico que busca en la solemnidad del soneto clásico evocar la figura del gran poeta y ser humano que fue Miguel Hernández. El poema posee una intención narrativa digna y un respeto evidente por la tradición, pero el resultado es una pieza que se siente más como un ejercicio de versificación que como una revelación poética. La emoción está contenida, así lo siento, mi querido amigo.

La imagen final del "jardín en su barbecho" recupera la esencia telúrica de Hernández y cierra el poema con una metáfora agrícola coherente con su biografía. La nota al pie demuestra una investigación previa loable que, lamentablemente, no se transfiere con claridad al texto que tiene, entre otras cosas, un error de transcripción en el séptimo verso: seguramente, querido Salvador, quisiste decir "inapetencia", tú nos dirás.

El comentario de Pepe, y su contribución, no tiene desperdicio.

Un abrazo,

Elhi
Mi querido Elhi: comienzo a contestar tu comentario justo a la hora del Ángelus que Miguel Hernández sabría bien dadas dos circunstancias. Él estudió en las Escuelas del Ave María de Orihuela que dejaron un poso traducido años más tarde en el tríptico de sonetos a María que escribió bajo el epígrafe de “A María Santísima que se pueden encontrar en el Centro Virtual Cervantes.
Tu sincero comentario hace a esta amistad nuestra, si cabe, más potente. En él das fe de esa emoción contenida que hace al soneto más que una obra poética un ejercicio de versificación con el alma un tanto escondida. Leí de la Residencia de Estudiantes y de sus moradores que no fueron solo poetas y literatos. Allí se alojaron científicos como Severo Ochoa, el gran pintor Salvador Dalí y otros de no menos importancia. Había un laboratorio y una sala de música donde Lorca tocaba el piano y se celebraban conciertos. La Residencia estuvo abierta a conferenciantes de materias como la física y la química. Einstein y Marie Curie fueron invitados. Una acogida más educada, en ese ambiente, hubiera supuesto la catapulta que Miguel Hernández merecía. .Sin embargo, ya ves en el aporte excepcional de Pepe cómo estaban las cosas. En esa emoción contenida se encierra una visión respetuosa de la propia Residencia donde diariamente se merendaría hasta la “suave inapetencia” lejos de la gula, quiero pensar. (Corregido el gazapo).
La Residencia de Estudiantes, terreno fértil para esa intelectualidad que allí se alojaba, le fue negado a Miguel Hernández al cual imaginé en ese único día de estancia buscando en el jardín un trozo de tierra no cultivado haciéndolo “su barbecho” donde dejar su semilla poética y nombrando, en una especie de sinécdoque, la parte (El Jardín) por el todo (la Residencia).
Posiblemente la magnífica contribución de Pepe, tenida a disposición previamente hubiera hecho surgir la emoción que se quedó en el tintero. Culpa mía no más de no haber profundizado lo suficiente.
Termino agradeciéndote este comentario tuyo, afectivo como todos.

Con un abrazo inmenso queridísimo Elhi y que Dios siga bendiciéndote.

Salva.
 
Última edición:
CON SOLO UN DÍA

Dónde habría llegado con un día
alojado en aquella residencia,
su espíritu colmado de impaciencia
con la ropa campestre que vestía.

Rebosando en las manos poesía,
y en el vientre vacío la impotencia
si hasta sentir la suave inapencia
allí se merendaba cada día.

Sobrado hubiera estado algún poema
para quemar adentros como quema,
acaso en su recuerdo insatisfecho.

Solo un día sembrando la semilla
en un rincón por ver la maravilla
brotar de aquel jardín en su barbecho.


Salva González Moles
2/3/2026


N.A.: Contraste de mundos. La Residencia de Estudiantes de Madrid representaba el foco intelectual refinado, mientras que Hernández representaba una voz poética más popular y campesina. A diferencia de otros residentes Miguel Hernández no obtuvo beca alguna para sufragar esos gastos y vivió principalmente en pensiones modestas durante sus estancias en Madrid, como la situada en la calle Vallehermoso 96, cerca de las instalaciones de Espasa-Calpe donde colaboraba. Fuente: la tesidencia de estudiantes y miguel ha hernandez - Buscar con Google
La vida es un eterno aprendizaje.
Me apego a ese solo día en un lugar especial que podría ser suficiente para sembrar ideas y sentimientos.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
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