demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Con ojos en las sombras.
Cuando el anochecer, sobre el pueblo se desliza,
no somos más que hombres cegados,
pero yo oigo en el movimiento de la brisa resbaladiza,
las conversaciones, de aquellos quienes hoy están alejados.
No somos más que preguntas, sin respuestas,
el blanco irreal que se ahonda en la inexistencia,
sin embargo, en el silencio yo escucho las orquestas,
de quienes callan ante el mundo su presencia.
En las sombras yo clavo mi mirada,
en las noches veo, cuanto en penumbras se esconde,
veo el sueño, de la dama que sueña acostada,
les digo-mirad el espectro-
me responden-¿Dónde?-.
Escucho cuanto dicen los inspirados abetos,
puedo mirar a través de la muerte,
los fallecidos me muestran, sus afligidos secretos,
pensarías que soy un hombre con suerte.
Puedo ver las ánimas saliendo del cementerio,
converso con quienes yacen en estado inerte,
no se me oculta la sombra de ningún misterio,
pensarías de nuevo, que soy un hombre con suerte.
Donde ellos tienen un dedo que me señala,
yo poseo un ojo sigiloso y espectador,
que con el ojo de los dioses se iguala,
sin embargo aún vence, su desquiciado dedo señalador.
Incapaz, permanezco sentado en mi dormitorio,
me condenan por ver lo que ellos no pueden,
me relegan a este oscuro y vacío sanatorio,
me juzgan por ver, más allá de los que mueren.
Cuando el anochecer, sobre el pueblo se desliza,
no somos más que hombres cegados,
pero yo oigo en el movimiento de la brisa resbaladiza,
las conversaciones, de aquellos quienes hoy están alejados.
No somos más que preguntas, sin respuestas,
el blanco irreal que se ahonda en la inexistencia,
sin embargo, en el silencio yo escucho las orquestas,
de quienes callan ante el mundo su presencia.
En las sombras yo clavo mi mirada,
en las noches veo, cuanto en penumbras se esconde,
veo el sueño, de la dama que sueña acostada,
les digo-mirad el espectro-
me responden-¿Dónde?-.
Escucho cuanto dicen los inspirados abetos,
puedo mirar a través de la muerte,
los fallecidos me muestran, sus afligidos secretos,
pensarías que soy un hombre con suerte.
Puedo ver las ánimas saliendo del cementerio,
converso con quienes yacen en estado inerte,
no se me oculta la sombra de ningún misterio,
pensarías de nuevo, que soy un hombre con suerte.
Donde ellos tienen un dedo que me señala,
yo poseo un ojo sigiloso y espectador,
que con el ojo de los dioses se iguala,
sin embargo aún vence, su desquiciado dedo señalador.
Incapaz, permanezco sentado en mi dormitorio,
me condenan por ver lo que ellos no pueden,
me relegan a este oscuro y vacío sanatorio,
me juzgan por ver, más allá de los que mueren.
Última edición: