iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Deja la puerta abierta para que salgan los misterios,
que borboteen los grumos de pálido amarillo,
escurriéndose, reptando hacia el paraíso
de lenguas discernidas y ambiguas.
Deja una ventana rota, que parezca un robo
el no estar contigo, un asalto homicida.
Y los cristales tirados hablen de sangre no narrada,
de oculto espermicida
usado sólo para no embarazar los ojos, e intenciones
de la lejanía.
Con la puerta abierta, se hablará de entrar
o de salir,
y la opción puede permanecer incluida.
Se puede imaginar una llegada, un festejo,
un abrazo largo para recibir tus besos sin huida.
Puedo pensar en noches de luz roja contigo encima
de cada pensamiento borracho, y olvidar las carreras
frenéticas y diluidas.
Deja la luz prendida.
Quiero ver cuando se vaya la oscuridad del recinto,
y llegue con aire nuevo la demencia que se olvida.
Una estridente locura, con la cara nueva
de felicidad psicópata, como muerte fingida.
Deja la mente abierta, y puedo irme o llegar de tu vida.
que borboteen los grumos de pálido amarillo,
escurriéndose, reptando hacia el paraíso
de lenguas discernidas y ambiguas.
Deja una ventana rota, que parezca un robo
el no estar contigo, un asalto homicida.
Y los cristales tirados hablen de sangre no narrada,
de oculto espermicida
usado sólo para no embarazar los ojos, e intenciones
de la lejanía.
Con la puerta abierta, se hablará de entrar
o de salir,
y la opción puede permanecer incluida.
Se puede imaginar una llegada, un festejo,
un abrazo largo para recibir tus besos sin huida.
Puedo pensar en noches de luz roja contigo encima
de cada pensamiento borracho, y olvidar las carreras
frenéticas y diluidas.
Deja la luz prendida.
Quiero ver cuando se vaya la oscuridad del recinto,
y llegue con aire nuevo la demencia que se olvida.
Una estridente locura, con la cara nueva
de felicidad psicópata, como muerte fingida.
Deja la mente abierta, y puedo irme o llegar de tu vida.