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daniel amaya

Poeta fiel al portal
¡Qué tarde me has prestado

la mañana hambrienta!

la luz bebe de los pistilos enamorados

y la eterna primavera yace en un frasco

de media tarde, ¡algo ha salido mal!

La investidura de la noche está enganchada

en la silla principal, la hora toca puertas

en todos los pasillos.


¡Qué tarde me has prestado

la tarde hambrienta!

El sol baja las persianas,

ruedan las sombras sobre el césped

cansado y tocado,

los llaveros se antojan de escarcha

traslúcida, en la mesa una historia muda

y una vela se olfatean, se desangran, se adolecen

como espejos imitando la banalidad,

el premio sobre éstas piedras aguarda

en tanto las cortinas se mantengan libres,

la hora toca puertas hasta el final.


¡Qué tarde me has prestado

la noche hambrienta!

de la oscuridad brotan luces

como granos de arena, la luna

está silenciosa en los besos prohibidos,

algunos usan las sombras en la espina

y el dolor danzarín del corazón se prueba,

si, ya pasó, en esos rieles se observa

quietud en el horizonte, la nada, las estrellas;

la vela se derritió y las historias cambiaron

de sitio, en los brazos del cansancio,

los pasajeros de éstas horas arriban

entre ranuras, bajo calzados, entre el misterio

de las tinieblas, la hora toca puertas hasta

la última estación…
 
¡Qué tarde me has prestado

la mañana hambrienta!

la luz bebe de los pistilos enamorados

y la eterna primavera yace en un frasco

de media tarde, ¡algo ha salido mal!

La investidura de la noche está enganchada

en la silla principal, la hora toca puertas

en todos los pasillos.


¡Qué tarde me has prestado

la tarde hambrienta!

El sol baja las persianas,

ruedan las sombras sobre el césped

cansado y tocado,

los llaveros se antojan de escarcha

traslúcida, en la mesa una historia muda

y una vela se olfatean, se desangran, se adolecen

como espejos imitando la banalidad,

el premio sobre éstas piedras aguarda

en tanto las cortinas se mantengan libres,

la hora toca puertas hasta el final.


¡Qué tarde me has prestado

la noche hambrienta!

de la oscuridad brotan luces

como granos de arena, la luna

está silenciosa en los besos prohibidos,

algunos usan las sombras en la espina

y el dolor danzarín del corazón se prueba,

si, ya pasó, en esos rieles se observa

quietud en el horizonte, la nada, las estrellas;

la vela se derritió y las historias cambiaron

de sitio, en los brazos del cansancio,

los pasajeros de éstas horas arriban

entre ranuras, bajo calzados, entre el misterio

de las tinieblas, la hora toca puertas hasta

la última estación…
Muy bueno.
Cuando la impuntualidad se paga con el destierro.
Saludos Daniel.
 
El universo me ha prestado una buena mañana para leer estos espléndidos versos de arte surrealista refinado.
Grata lectura.
Saludos Daniel, que tenga una bendecida semana abriendo las puertas creativas de este cálido abril.
 
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