Asklepios
Incinerando envidias
Compartimos los latidos innecesarios de
las auroras y el desvelado recorrido
de los vacíos, cuando las incandescencias despegadas de
nuestras incertidumbres, (hartas de esperar esta vejez
que todo lo estorba), se detuvieron como queriendo
morir de tristeza.
Por casualidad, del reloj de pared surgió el cuco, -ese
extraño vagabundo de las horas-, para regalarnos
su pintoresco mapa temporal. No supimos qué hacer
y nos retiramos a dormir.
Días después, al atardecer, el sol extrañamente empeñado en despegar
la corteza del horizonte se escondió, una vez más,
tras el manto de la noche y de los latidos de la inmensidad
que el cielo esconde.
No sé... me pregunto si no serán secuelas de pura nostalgia.
Tanto murmullo abre grietas en mis ojos ya vacíos
mientras hoy, el sol se entretiene, escondido
entre nubes, en pulimentar y dar brillo al
arco iris.
las auroras y el desvelado recorrido
de los vacíos, cuando las incandescencias despegadas de
nuestras incertidumbres, (hartas de esperar esta vejez
que todo lo estorba), se detuvieron como queriendo
morir de tristeza.
Por casualidad, del reloj de pared surgió el cuco, -ese
extraño vagabundo de las horas-, para regalarnos
su pintoresco mapa temporal. No supimos qué hacer
y nos retiramos a dormir.
Días después, al atardecer, el sol extrañamente empeñado en despegar
la corteza del horizonte se escondió, una vez más,
tras el manto de la noche y de los latidos de la inmensidad
que el cielo esconde.
No sé... me pregunto si no serán secuelas de pura nostalgia.
Tanto murmullo abre grietas en mis ojos ya vacíos
mientras hoy, el sol se entretiene, escondido
entre nubes, en pulimentar y dar brillo al
arco iris.