Escarbo el papel buscando versos, y araño su vientre de leche seca.
Hundo mi lápiz cual arado y escarbo su piel blanca.
Los versos se ocultan como topos y huyen a sus madrigueras invisibles a mediocres.
Solo se revelan a poetas de paciencia mansa.
Escarbo como un loco enceguecido al ritmo de mi inconsciencia espontánea.
Mi pala es de carbón y de madera.
Abro la tierra donde se cosechan mundos, abro esta pradera blanca de sueños buscando un verso.
Escarbo este huevo llano hecho de fantasmas de árboles muertos, y hasta puedo oler su inocencia.
Escarbo el universo niño, donde el aprendiz de dios practica.
Escarbo en su pequeñez infinita, en su sencillez perfecta.
Solo he de esperar el momento, cuando asome la cabeza en la vagina blanca de esta hoja de papel virgen, y el poeta grite a mi conciencia:
¡Felicidades, es un hermoso poema!
Después buscare un bonito nombre.
Hundo mi lápiz cual arado y escarbo su piel blanca.
Los versos se ocultan como topos y huyen a sus madrigueras invisibles a mediocres.
Solo se revelan a poetas de paciencia mansa.
Escarbo como un loco enceguecido al ritmo de mi inconsciencia espontánea.
Mi pala es de carbón y de madera.
Abro la tierra donde se cosechan mundos, abro esta pradera blanca de sueños buscando un verso.
Escarbo este huevo llano hecho de fantasmas de árboles muertos, y hasta puedo oler su inocencia.
Escarbo el universo niño, donde el aprendiz de dios practica.
Escarbo en su pequeñez infinita, en su sencillez perfecta.
Solo he de esperar el momento, cuando asome la cabeza en la vagina blanca de esta hoja de papel virgen, y el poeta grite a mi conciencia:
¡Felicidades, es un hermoso poema!
Después buscare un bonito nombre.