IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Santidad que nos ilumina,
vierte nuestro silencio en sus cauces,
vertientes de cristalino pensamiento,
aclaran la valía del que aún desea rendirse,
luz que nos induce a imaginar,
mente sin oscuridad,
mas allá de todo sueño
las pesadillas yacen acorraladas
entre inframundos eternos,
en desesperación reina la codicia
del que nunca contemplo el amor,
muerte y destrucción
se abren paso sobre nuestro milagro,
santuario de divina fragilidad,
con un soplo de cordura
la lluvia envenena la tierra,
y lentamente
la justicia inunda de melancolía
al agrietado equilibrio,
firmamento de rojas emociones,
martirio impoluto,
ideal de la perfección del ser humano,
rumbo que con descontrol fenece,
ardor que despierta a los cuerpos,
desechados aún respiran furia,
temor que advierte a las almas,
que todas reencarnarán
en las pútridas aguas de la finitud,
tristeza de un astro enclaustrado
por el mismo amor que juro proteger,
ahora odio,
insensatez incomprendida
en el semblante bondadoso de la luna,
entre tormentas de avaricia,
nuestro cielo se cierne
hacia un paradigma insoslayable,
la muerte nos marca un ambiguo final,
y la indefinida existencia
entre ennegrecidas rosas,
un nuevo comienzo.
vierte nuestro silencio en sus cauces,
vertientes de cristalino pensamiento,
aclaran la valía del que aún desea rendirse,
luz que nos induce a imaginar,
mente sin oscuridad,
mas allá de todo sueño
las pesadillas yacen acorraladas
entre inframundos eternos,
en desesperación reina la codicia
del que nunca contemplo el amor,
muerte y destrucción
se abren paso sobre nuestro milagro,
santuario de divina fragilidad,
con un soplo de cordura
la lluvia envenena la tierra,
y lentamente
la justicia inunda de melancolía
al agrietado equilibrio,
firmamento de rojas emociones,
martirio impoluto,
ideal de la perfección del ser humano,
rumbo que con descontrol fenece,
ardor que despierta a los cuerpos,
desechados aún respiran furia,
temor que advierte a las almas,
que todas reencarnarán
en las pútridas aguas de la finitud,
tristeza de un astro enclaustrado
por el mismo amor que juro proteger,
ahora odio,
insensatez incomprendida
en el semblante bondadoso de la luna,
entre tormentas de avaricia,
nuestro cielo se cierne
hacia un paradigma insoslayable,
la muerte nos marca un ambiguo final,
y la indefinida existencia
entre ennegrecidas rosas,
un nuevo comienzo.
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