mrtrigueros
Poeta recién llegado
Finges empezar de nuevo,
aunque conozcas el final de todas las historias,
el desenlace imperfecto que se esconde
en el corazón de arcilla de los cisnes.
No es un secreto para ti,
la canción última que recitan las palmeras
cuando las azotan fatigados los vientos,
ya ni siquiera ignoras que los mapas del mundo
ocultan laberintos invisibles
allí donde la lava esculpe sin parar
los oscuros caminos del basalto.
Inicias el viaje.
Sabes antes de empezar
que no existen páginas en blanco,
aunque hayan todavía mares escondidos
en las venas sumergidas de la noche;
acantilados sin asideros, o con filos imposibles
o incluso rostros donde aun se mece levemente la piedra.
Intuyes acaso que existen océanos
que respiran todavía bajo la banquisa azul de los recuerdos,
miradas sin descifrar en la alegoría mínima de las arenas,
vidas por las que transitaste o transitarás
con el indeciso paso de los sueños.
¡La trompeta clama victoriosa!
Sobre un campo de cenizas
ante tus ojos, el mundo
parece recuperarse en si mismo;
hilas entonces retazos imprecisos de la mañana,
coses nuevamente con puntadas de luz
el alba a los confines infinitos de la noche;
y todavía te maravilla y te sorprende,
y empiezas, o finges empezar, otra vez desde la nada
como si ya no importara el tiempo,
y caminas otra vez en pos de la llama,
sabiendo a ciencia cierta que sabrás reconocerla,
sin el más mínimo atisbo de duda
tan pronto la veas palpitar
otra vez entre la niebla.
aunque conozcas el final de todas las historias,
el desenlace imperfecto que se esconde
en el corazón de arcilla de los cisnes.
No es un secreto para ti,
la canción última que recitan las palmeras
cuando las azotan fatigados los vientos,
ya ni siquiera ignoras que los mapas del mundo
ocultan laberintos invisibles
allí donde la lava esculpe sin parar
los oscuros caminos del basalto.
Inicias el viaje.
Sabes antes de empezar
que no existen páginas en blanco,
aunque hayan todavía mares escondidos
en las venas sumergidas de la noche;
acantilados sin asideros, o con filos imposibles
o incluso rostros donde aun se mece levemente la piedra.
Intuyes acaso que existen océanos
que respiran todavía bajo la banquisa azul de los recuerdos,
miradas sin descifrar en la alegoría mínima de las arenas,
vidas por las que transitaste o transitarás
con el indeciso paso de los sueños.
¡La trompeta clama victoriosa!
Sobre un campo de cenizas
ante tus ojos, el mundo
parece recuperarse en si mismo;
hilas entonces retazos imprecisos de la mañana,
coses nuevamente con puntadas de luz
el alba a los confines infinitos de la noche;
y todavía te maravilla y te sorprende,
y empiezas, o finges empezar, otra vez desde la nada
como si ya no importara el tiempo,
y caminas otra vez en pos de la llama,
sabiendo a ciencia cierta que sabrás reconocerla,
sin el más mínimo atisbo de duda
tan pronto la veas palpitar
otra vez entre la niebla.