CIUDAD DESPUÉS DEL BOMBARDEO
Apenas fue el deseo
multiplicado en sus diedros
por reflectores de pánico
quien despejó aquellas frentes
de las pelucas caídas
Apenas fue la roca imberbe
-no más de tres millones de años-
la que oponía sus silencios
a las calaveras malvas
y a los meteoros calvos.
Apenas los leucocitos
en formación rigurosa
ataviados con hortensias
y sombreros de bombín
paseaban sus viejos lustres
junto a los caballos de cartón.
Apenas tan sólo apenas
las lágrimas derramadas
desde los solemnes búcaros
humedecían las tardes de verano
buscando las nubes vacías.
Eran estrellas fugaces
cometas desubicados
constelacones sin norte
y hombres aún no nacidos
turbamulta y amalgama
del proyecto de Creación.
Las ciudades
pícaros subproductos
de los cantores de jazz
surgían esquizoides
de saxos y clarinetes
retorciendo pentagramas
y rótulos de neón.
Las fuentes multicolores
admiraban a los voraces leones
que tranquilos paseabana sus serpientes pitón
Era el mundo trastocado
de las jaulas con aire acondicionado
De zoológicos con su registro de entrada
Ciudades desenterradas
con sus dientes blanquísimos todavía
con oficinas abiertas
para poder confesar nuestros pecados
mientras en los estanques de piedra
pululan los cocodrilos.
Las nuevas músicas
viajan en tranvía hasta los parques
Los enamorados miopes
se contemplan a través de telescopios
y las carreras de tortugas
generan millones de euros.
Es la ciudad después del bombardeo
Entre sus ruinas renace
aquel tiempo absurdo de los nigth-clubs
y los conciertos en los parques
de las bandas municipales
en las mañanas lluviosas
del verano.
Altivos
con sus arquitecturas audaces
incólumes frente a la insidia
se alzan nosocomios
para locos...
Apenas fue el deseo
multiplicado en sus diedros
por reflectores de pánico
quien despejó aquellas frentes
de las pelucas caídas
Apenas fue la roca imberbe
-no más de tres millones de años-
la que oponía sus silencios
a las calaveras malvas
y a los meteoros calvos.
Apenas los leucocitos
en formación rigurosa
ataviados con hortensias
y sombreros de bombín
paseaban sus viejos lustres
junto a los caballos de cartón.
Apenas tan sólo apenas
las lágrimas derramadas
desde los solemnes búcaros
humedecían las tardes de verano
buscando las nubes vacías.
Eran estrellas fugaces
cometas desubicados
constelacones sin norte
y hombres aún no nacidos
turbamulta y amalgama
del proyecto de Creación.
Las ciudades
pícaros subproductos
de los cantores de jazz
surgían esquizoides
de saxos y clarinetes
retorciendo pentagramas
y rótulos de neón.
Las fuentes multicolores
admiraban a los voraces leones
que tranquilos paseabana sus serpientes pitón
Era el mundo trastocado
de las jaulas con aire acondicionado
De zoológicos con su registro de entrada
Ciudades desenterradas
con sus dientes blanquísimos todavía
con oficinas abiertas
para poder confesar nuestros pecados
mientras en los estanques de piedra
pululan los cocodrilos.
Las nuevas músicas
viajan en tranvía hasta los parques
Los enamorados miopes
se contemplan a través de telescopios
y las carreras de tortugas
generan millones de euros.
Es la ciudad después del bombardeo
Entre sus ruinas renace
aquel tiempo absurdo de los nigth-clubs
y los conciertos en los parques
de las bandas municipales
en las mañanas lluviosas
del verano.
Altivos
con sus arquitecturas audaces
incólumes frente a la insidia
se alzan nosocomios
para locos...