child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
Cisma interior
Dormido en la incertidumbre,
esperando que cante el gallo,
que salga el sol, que comience
de una mísera vez un nuevo día.
Solo entre las tinieblas de
la profunda confusión, cada
sentimiento tiene su hedor,
pestilente todo el interior.
Es mi corazón el que reluce
su miseria con éstas letras.
¡Vamos, acábalo de una vez!
Que lentamente agoniza...
Mientras se pudre quien
un día fue fruto del
banquete de los dioses,
que ahora dan la espalda,
una lágrima invisible duerme
en la orilla de una sonrisa.
Insondable es el agujero que
con mis propias manos cavé.
Sentenciado a perecer entre
los dientes de éste monstruo,
carroñero indomable e insaciable,
que suelen llamar interior.
Prisión de cúpula inmensa,
barrotes forjados por los
propios miedos terrenales,
y en el medio incomunicado,
yace tendido en el suelo frío,
aquel pequeño niño con la cara
cubierta por el polvo que dejó
el cisma de su propio interior.
Dormido en la incertidumbre,
esperando que cante el gallo,
que salga el sol, que comience
de una mísera vez un nuevo día.
Solo entre las tinieblas de
la profunda confusión, cada
sentimiento tiene su hedor,
pestilente todo el interior.
Es mi corazón el que reluce
su miseria con éstas letras.
¡Vamos, acábalo de una vez!
Que lentamente agoniza...
Mientras se pudre quien
un día fue fruto del
banquete de los dioses,
que ahora dan la espalda,
una lágrima invisible duerme
en la orilla de una sonrisa.
Insondable es el agujero que
con mis propias manos cavé.
Sentenciado a perecer entre
los dientes de éste monstruo,
carroñero indomable e insaciable,
que suelen llamar interior.
Prisión de cúpula inmensa,
barrotes forjados por los
propios miedos terrenales,
y en el medio incomunicado,
yace tendido en el suelo frío,
aquel pequeño niño con la cara
cubierta por el polvo que dejó
el cisma de su propio interior.