Y de pronto son las moscas que se abrazan a las aves
y la lumbre que sonríe en las alturas,
y son de pronto los caballos y los trinos
las espumas de los rompeolas
y los anhelos de los molinos
las rutas de los corales
y las texturas que dialogan con la noche…
y son nuevamente columpios de trapo
los atrapasueños por las ramas
y promesas camino al mercado,
los afluentes marrones
y los cañaverales santos
las cuerdas y trazos
y son los brillos que se buscan por esas callejuelas de las cerámicas
y esos cimientos que abrigan
y son las mariposas que tiran del arado
y la ciudad que parece flotar en mano amiga
y con ese gran cigarro de los ajedrecistas.