Zetalv Raabe
Poeta recién llegado
Al despertar en el mundo de Cidedia
se respira una mañana tardía.
El despertador se ha callado,
pero en mi mente ha quedado,
el aturdidor sonido del silencio matutino.
Con un abrigo frío y pesado
salgo, camino, pienso.
Respiración automata.
Pasos firmes por fuera, endebles por dentro,
un caminar que temor delata.
Temor, a aquellos que portan una placa,
o los que enloquecen por la plata
que sueñan y anhelan
pero no tienen ni tendrán.
Más adelante
Conmigo se reunen criaturas,
amigos desconocidos
iguales a mi pero con distintos apellidos.
Todos esperamos al barquero conocido.
El transporte oxídado nos recoge.
Seres en pena, podridos,
con sueños despertados
a golpes, a roces, a caricias, a muerte.
Suben cabizbajos, sumisos,
controlados por Cidedia.
Todos ocupamos nuestros sitios,
algunos de pie van,
otros sentados,
algunos olvidados en el camino quedan,
abandonados a su suerte
por el transporte indiferente.
Y dentro el olor es agradablemente nefasto;
nos hace recordar, por momentos, que estamos vivos.
(...)
se respira una mañana tardía.
El despertador se ha callado,
pero en mi mente ha quedado,
el aturdidor sonido del silencio matutino.
Con un abrigo frío y pesado
salgo, camino, pienso.
Respiración automata.
Pasos firmes por fuera, endebles por dentro,
un caminar que temor delata.
Temor, a aquellos que portan una placa,
o los que enloquecen por la plata
que sueñan y anhelan
pero no tienen ni tendrán.
Más adelante
Conmigo se reunen criaturas,
amigos desconocidos
iguales a mi pero con distintos apellidos.
Todos esperamos al barquero conocido.
El transporte oxídado nos recoge.
Seres en pena, podridos,
con sueños despertados
a golpes, a roces, a caricias, a muerte.
Suben cabizbajos, sumisos,
controlados por Cidedia.
Todos ocupamos nuestros sitios,
algunos de pie van,
otros sentados,
algunos olvidados en el camino quedan,
abandonados a su suerte
por el transporte indiferente.
Y dentro el olor es agradablemente nefasto;
nos hace recordar, por momentos, que estamos vivos.
(...)
ZRaab