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Ciclo nocturno

danie

solo un pensamiento...
Como un busto que mece los árboles azules
de manantiales
que beben la savia noctívaga de las sombras
y su infinito origen.
Como un potro semental
de galope forjado con acero,
de cabrioladas de plenilunios
y aullidos de negrura crepuscular…

se desnudan los ramajes de la noche,
se desempolva el somnífero sideral
en la alcoba de los astros,
en el acopio del lecho nocherniego
con pasos de recuerdos
y lágrimas de alados sueños.

Se rompe el sello que dejó el cierzo matinal
para que las islas
y las areniscas del ardor de un sol,
las jadeantes arboledas del día
y su memoria de ausencia lunar
se tornen pesadas cortinas
que caen sobre las pestañas del tiempo.

El ángelus predilecto del vestigio del deseo
toca las mil y una noches de campanadas
para el febril encuentro de los cuerpos
en llamaradas de hogueras pendulares,
cimbreantes ojos que buscan dormir
dentro de los confines más primitivos
del perfume femíneo de la piel de la noche.

Un ciclo espectral del espacio
cae sobre el reloj detenido,
sobre el almanaque inmóvil de la historia del hombre
con sus roces sugerentes de sosegada perennidad,
con su compás de zorzales de piedra,
de borrasca de la garganta del silencio
y su oquedad,
de la mortecina y a la vez rutilante era
en la que nace una y otra vez
la diana del rosal
en el gong de un anochecer inmortal.

Así un imperio sombrío
fecunda los quinqués señeros,
las mañanas postradas ante su potestad
de sordino y ciclópeo anhelo.

¡Ah, cómo no sucumbir ante su poderío
de colmillos virginales de fauces!
¡Cómo no atesorar su piramidal vuelo
de esfinge de murciélago!
¡Cómo no caer en la red delirante
que nos hipnotiza
con su ululado hechizo de pupilas de búho!
¡Cómo no ser presas del sudario carnal
de su tapiz de vampiresa!
¡Oh, noche!
¡Oh, poesía de completa eternidad!
 
Última edición:
Como un busto que mece los árboles azules
de manantiales
que beben la savia noctívaga de las sombras
y su infinito origen.
Como un potro semental
de galope forjado con acero,
de cabrioladas de plenilunios
y aullidos de negrura crepuscular…

se desnudan los ramajes de la noche,
se desempolva el somnífero sideral
en la alcoba de los astros,
en el acopio del lecho nocherniego
con pasos de recuerdos
y lágrimas de alados sueños.

Se rompe el sello que dejó el cierzo matinal
para que las islas
y las areniscas del ardor de un sol,
las jadeantes arboledas del día
y su memoria de ausencia lunar
se tornen pesadas cortinas
que caen sobre las pestañas del tiempo.

El ángelus predilecto del vestigio del deseo
toca las mil y una noches de campanadas
para el febril encuentro de los cuerpos
en llamaradas de hogueras pendulares,
cimbreantes ojos que buscan dormir
dentro de los confines más primitivos
del perfume femíneo de la piel de la noche.

Un ciclo espectral del espacio
cae sobre el reloj detenido,
sobre el almanaque inmóvil de la historia del hombre
con sus roces sugerentes de sosegada perennidad,
con su compás de zorzales de piedra,
de borrasca de la garganta del silencio
y su oquedad,
de la mortecina y a la vez rutilante era
en la que nace una y otra vez
la diana del rosal
en el gong de un anochecer inmortal.

Así un imperio sombrío
fecunda los quinqués señeros,
las mañanas postradas ante su potestad
de sordino y ciclópeo anhelo.

¡Ah, cómo no sucumbir ante su poderío
de colmillos virginales de fauces!
¡Cómo no atesorar su piramidal vuelo
de esfinge de murciélago!
¡Cómo no caer en la red delirante
que nos hipnotiza
con su ululado hechizo de pupilas de búho!
¡Cómo no ser presas del sudario carnal
de su tapiz de vampiresa!
¡Oh, noche!
¡Oh, poesía de completa eternidad!
Bien sabes que no es mi estilo querido amigo Danie, pero debo reconocer
que el talento de tu pluma nos hace disfrutar de una buena inspiración
hecha poesía. Es un placer poder leer tu inspiración hecha poesía.
Besos y un abrazo. Tere
 
Como un busto que mece los árboles azules
de manantiales
que beben la savia noctívaga de las sombras
y su infinito origen.
Como un potro semental
de galope forjado con acero,
de cabrioladas de plenilunios
y aullidos de negrura crepuscular…

se desnudan los ramajes de la noche,
se desempolva el somnífero sideral
en la alcoba de los astros,
en el acopio del lecho nocherniego
con pasos de recuerdos
y lágrimas de alados sueños.

Se rompe el sello que dejó el cierzo matinal
para que las islas
y las areniscas del ardor de un sol,
las jadeantes arboledas del día
y su memoria de ausencia lunar
se tornen pesadas cortinas
que caen sobre las pestañas del tiempo.

El ángelus predilecto del vestigio del deseo
toca las mil y una noches de campanadas
para el febril encuentro de los cuerpos
en llamaradas de hogueras pendulares,
cimbreantes ojos que buscan dormir
dentro de los confines más primitivos
del perfume femíneo de la piel de la noche.

Un ciclo espectral del espacio
cae sobre el reloj detenido,
sobre el almanaque inmóvil de la historia del hombre
con sus roces sugerentes de sosegada perennidad,
con su compás de zorzales de piedra,
de borrasca de la garganta del silencio
y su oquedad,
de la mortecina y a la vez rutilante era
en la que nace una y otra vez
la diana del rosal
en el gong de un anochecer inmortal.

Así un imperio sombrío
fecunda los quinqués señeros,
las mañanas postradas ante su potestad
de sordino y ciclópeo anhelo.

¡Ah, cómo no sucumbir ante su poderío
de colmillos virginales de fauces!
¡Cómo no atesorar su piramidal vuelo
de esfinge de murciélago!
¡Cómo no caer en la red delirante
que nos hipnotiza
con su ululado hechizo de pupilas de búho!
¡Cómo no ser presas del sudario carnal
de su tapiz de vampiresa!
¡Oh, noche!
¡Oh, poesía de completa eternidad!
Pasar por tu poesía es tener un gran encuentro, logras siempre las imágenes que hacen vivir la evocación del momento, gracias por el regalo de tus bellas letras, un saludo y abrazo.
 
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