DIEGO
Poeta adicto al portal
Son cíclicos los acontecimientos del destino.
Es el devenir del tiempo asignado a cada ser vivo, profetizado.
Independientemente de lo que de aquí en más me tenga reservado mi sino; si debo regir mi certeza o creencia, por las vivencias que han precedido estas 44 etapas del vía crucis, asevero que tiendo a creer en los ciclos de lo ya escrito para cada uno.
He pagado el peaje del camino recorrido en cada puesto, de los que ya he perdido la cuenta... y sin embargo vuelvo a hacerlo cada tanto; en ocasiones, demasiado pronto.
Esta ruleta movida por los dados cargados del destino tramposo, se empeña en demostrarme que la felicidad (interesante definición abstracta), nunca es completa, ni lo será.
Acepto las reglas de juego, sólo que a veces me parecen abusadoras para algunos de nosotros. La tregua (dama interesada), parece tener los ojos vendados como la justicia, que se hace la tuerta para poder mirar para el lado que le conviene y siempre resulto estar ubicado en la vereda de enfrente. Esto no responde a la mera casualidad, todo lo contrario, a fuerza de tropiezos reiterados, me he convencido de que la causalidad es la que en realidad maneja con torpes dedos los hilos de nuestro destino. Del destino escrito, el único.
De allí que en el subibaja de nuestras vidas nos sumerjamos siempre en los mismos profundos océanos y nos falte el envión necesario para alcanzar los siempre altísimos mismos cielos.
¡Pobres de aquellos que vieron el futuro de la humanidad a través de vidriosos ojos! Yo no puedo con la cruz de darme cuenta a destiempo o a tiempo ¿quién lo sabe?, de las piedras que se cuelan por las suelas de mis zapatos, ¿cómo debieron poder asimilar semejante holocausto anticipado?
En fin, decididamente todos somos una bomba a punto de explotar, sólo necesitamos cruzarnos con la chispa adecuada.
Es el devenir del tiempo asignado a cada ser vivo, profetizado.
Independientemente de lo que de aquí en más me tenga reservado mi sino; si debo regir mi certeza o creencia, por las vivencias que han precedido estas 44 etapas del vía crucis, asevero que tiendo a creer en los ciclos de lo ya escrito para cada uno.
He pagado el peaje del camino recorrido en cada puesto, de los que ya he perdido la cuenta... y sin embargo vuelvo a hacerlo cada tanto; en ocasiones, demasiado pronto.
Esta ruleta movida por los dados cargados del destino tramposo, se empeña en demostrarme que la felicidad (interesante definición abstracta), nunca es completa, ni lo será.
Acepto las reglas de juego, sólo que a veces me parecen abusadoras para algunos de nosotros. La tregua (dama interesada), parece tener los ojos vendados como la justicia, que se hace la tuerta para poder mirar para el lado que le conviene y siempre resulto estar ubicado en la vereda de enfrente. Esto no responde a la mera casualidad, todo lo contrario, a fuerza de tropiezos reiterados, me he convencido de que la causalidad es la que en realidad maneja con torpes dedos los hilos de nuestro destino. Del destino escrito, el único.
De allí que en el subibaja de nuestras vidas nos sumerjamos siempre en los mismos profundos océanos y nos falte el envión necesario para alcanzar los siempre altísimos mismos cielos.
¡Pobres de aquellos que vieron el futuro de la humanidad a través de vidriosos ojos! Yo no puedo con la cruz de darme cuenta a destiempo o a tiempo ¿quién lo sabe?, de las piedras que se cuelan por las suelas de mis zapatos, ¿cómo debieron poder asimilar semejante holocausto anticipado?
En fin, decididamente todos somos una bomba a punto de explotar, sólo necesitamos cruzarnos con la chispa adecuada.