- ¿Cómo has estado?
¿Aún te asusto?
Si compartimos tablado
y fuego por un lustro.
- ¿No puedes olvidarlo?
Fue una travesura inocente.
Un fruto que por convidarlo
has pagado con sangre y gente.
- ¡Pero son felices!
Todo es vanidad. Siguen ignorando
los sutiles matices
que van ganando y condenando.
- Hasta que aprendan a dar amando.
¿Aún te asusto?
Si compartimos tablado
y fuego por un lustro.
- Temo al recuerdo
al preciso momento justo
en que la manzana muerdo
en el yermo robusto.
- ¿No puedes olvidarlo?
Fue una travesura inocente.
Un fruto que por convidarlo
has pagado con sangre y gente.
Precisamente maldito ofidio:
Mis hijos siguen abonando
a cuentagotas mi subsidio,
su destino y vida hipotecando.
- ¡Pero son felices!
Todo es vanidad. Siguen ignorando
los sutiles matices
que van ganando y condenando.
- ¿Cuánto tiempo he de pagar mi pecado?
- Hasta que aprendan a dar amando.
®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Cesarfco.cd