Cayo Mario
Poeta recién llegado
Hace muchos años,
cuando mis sonrisas
aún no habían aprendido
a desconfiar de los espejos,
y las cosas que me rodeaban
aún no se encorvaban,
taciturnas,
bajo el peso de su propio nombre,
un dia era la excusa de un ayer
y la promesa de un mañana,
y la gran mayoría de mis decisiones
tenían la absoluta certeza de tener
toda una eternidad para arrepentirse.
cuando mis sonrisas
aún no habían aprendido
a desconfiar de los espejos,
y las cosas que me rodeaban
aún no se encorvaban,
taciturnas,
bajo el peso de su propio nombre,
un dia era la excusa de un ayer
y la promesa de un mañana,
y la gran mayoría de mis decisiones
tenían la absoluta certeza de tener
toda una eternidad para arrepentirse.