Maroc
Alberto
La prisión fue cerrada,
allá quedaron los padecimientos,
las torturas, y aquellos
a los que les dieron garrote
bajo un amanecer contaminado
en la barriada obrera
durmiente y despreocupada; Carabanchel.
Coches, sexo fácil,
carteles de publicidad mundo-paraíso
con grafitis a la vuelta
o encima mismo de la mentira;
felicidad que se compra,
no quedó nada más que barrotes sobre barrotes,
porque hoy, allí,
se ubica un "Centro de Internamiento de Extranjeros" (CIES),
eufemismo par evitar decir la verdad:
"cárcel para personas indocumentadas";
la posesión de un papel determina
si eres o no delincuente...,
políticas de violencia contra el ser humano,
violencia que no sale en los noticieros,
violencia que según la ley no lo es
pero según la justicia sí...,
nos sentimos solos,
faltan ganas, educación, voluntad, liderazgos,
e incluso sangre en las venas; rabia,
ya todo es conformismo
o queda incluso en una conversación
insustancial regada con viandas
en la comodidad de una terraza veraniega.
¡Pero allí estamos...!
somos los hijos del hormigón, la ferralla o el cemento...,
siglos de subordinaciones
o guerras perdidas,
destino siempre de la humildad, derrota,
flor inextinguible en este planeta de
de aplausos cínicos junto a los anuncios
de oro brillante o negro
en un mundo de diversidad personal;
duendes, hadas, malvados, caballeros, bellas,
zagalas, condesas, obispos, duques...
al fin señores y vasallos, como siempre,
plegándonos a la santidad de lo ganado,
viviendo sin sentidos;
sordos, ciegos, mudos...
chuleados en el estercolero de la economía,
acudiendo al grito,
a la sustancia pegajosa de los sueños,
o a la imaginación como desahogo.
allá quedaron los padecimientos,
las torturas, y aquellos
a los que les dieron garrote
bajo un amanecer contaminado
en la barriada obrera
durmiente y despreocupada; Carabanchel.
Coches, sexo fácil,
carteles de publicidad mundo-paraíso
con grafitis a la vuelta
o encima mismo de la mentira;
felicidad que se compra,
no quedó nada más que barrotes sobre barrotes,
porque hoy, allí,
se ubica un "Centro de Internamiento de Extranjeros" (CIES),
eufemismo par evitar decir la verdad:
"cárcel para personas indocumentadas";
la posesión de un papel determina
si eres o no delincuente...,
políticas de violencia contra el ser humano,
violencia que no sale en los noticieros,
violencia que según la ley no lo es
pero según la justicia sí...,
nos sentimos solos,
faltan ganas, educación, voluntad, liderazgos,
e incluso sangre en las venas; rabia,
ya todo es conformismo
o queda incluso en una conversación
insustancial regada con viandas
en la comodidad de una terraza veraniega.
¡Pero allí estamos...!
somos los hijos del hormigón, la ferralla o el cemento...,
siglos de subordinaciones
o guerras perdidas,
destino siempre de la humildad, derrota,
flor inextinguible en este planeta de
de aplausos cínicos junto a los anuncios
de oro brillante o negro
en un mundo de diversidad personal;
duendes, hadas, malvados, caballeros, bellas,
zagalas, condesas, obispos, duques...
al fin señores y vasallos, como siempre,
plegándonos a la santidad de lo ganado,
viviendo sin sentidos;
sordos, ciegos, mudos...
chuleados en el estercolero de la economía,
acudiendo al grito,
a la sustancia pegajosa de los sueños,
o a la imaginación como desahogo.
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