[center:52edc97e83]Esta es la historia de Edward Gore
Escritor de cuentos como Vincent Price
Gustaba de leer obras obscuras
Como Drácula o el Doctor Jekill y Mr. Hyde.
Vivía en una estrecha casa oblonga
Perfumada de lavanda y azucena
Era éste el olor de su esposa
La siempre hermosa Lady Rowena.
Lady Rowena era de pálida tez
Sus ojos verdes de mirada inocente
Y rizados cabellos rubios
La dotaban de linda gracia adolescente.
Muy enamorada estaba de Edward
Desde el principio feliz fue el matrimonio Gore
Nada más darse el sí quiero
Forjaron un lecho de cariño y amor.
Ella le amaba con todo su ser
Llevaba su nombre escrito en la piel
Él la adoraba a ella
Y ella le adoraba a él.
Pasaban los inviernos
Entre amena conversación
A la cálida luz del fuego
A lumbre de la ternura y satisfacción.
Pero un día llegó la tragedia
Yace sobre la cama un bello cuerpo inerte
Bajo las negras alas de la tuberculosis
Lady Rowena se encara a la muerte.
Edward llora desconsolado
Bajo su misma casa la hace enterrar
Para tenerla así cerca
Y bien poderla llorar.
A solas en su despacho
La tristeza lo corroe
Y consumó su insana locura
Leyendo un cuento de Allan Poe.
En la oscuridad de la noche
Escucha a alguien su nombre gritar
Por tres largas horas
Este horror ha de soportar.
Al borde del suicidio
Clama a Dios un angustiado gemir:
Estoy poseído por esta casa
Y jamás podré salir.
Sus ojos se inyectan de terror y espanto
Sus demonios bailan en bacanal frenesí
Y sigue escuchando la terrible voz:
Edward, Edward, ¡sácame de aquí!
De pronto ríe de histeria
De un pensamiento loco que sufre casi al amanecer
Una macabra idea
Que lo hace estremecer
Exhumaría el cuerpo
Y se enterraría con su mujer.
Una vez que cavó
Tuvo una horrible visión
Aquello que vería
Haría detener su maltrecho corazón.
Ahí estaba su pálida Lady Rowena
Artífice y protagonista
De la más grotesca escena:
Al ver el cadáver la encontró movida
Víctima de catalepsia
Su hermosa mujer había sido enterrada en vida.
Vínole un pensamiento
En forma de negro cuervo:
Asesinaste a quién más amaste y amarás
Y calló redondo al suelo
Para no levantarse ya
Nunca más [/center:52edc97e83]
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Escritor de cuentos como Vincent Price
Gustaba de leer obras obscuras
Como Drácula o el Doctor Jekill y Mr. Hyde.
Vivía en una estrecha casa oblonga
Perfumada de lavanda y azucena
Era éste el olor de su esposa
La siempre hermosa Lady Rowena.
Lady Rowena era de pálida tez
Sus ojos verdes de mirada inocente
Y rizados cabellos rubios
La dotaban de linda gracia adolescente.
Muy enamorada estaba de Edward
Desde el principio feliz fue el matrimonio Gore
Nada más darse el sí quiero
Forjaron un lecho de cariño y amor.
Ella le amaba con todo su ser
Llevaba su nombre escrito en la piel
Él la adoraba a ella
Y ella le adoraba a él.
Pasaban los inviernos
Entre amena conversación
A la cálida luz del fuego
A lumbre de la ternura y satisfacción.
Pero un día llegó la tragedia
Yace sobre la cama un bello cuerpo inerte
Bajo las negras alas de la tuberculosis
Lady Rowena se encara a la muerte.
Edward llora desconsolado
Bajo su misma casa la hace enterrar
Para tenerla así cerca
Y bien poderla llorar.
A solas en su despacho
La tristeza lo corroe
Y consumó su insana locura
Leyendo un cuento de Allan Poe.
En la oscuridad de la noche
Escucha a alguien su nombre gritar
Por tres largas horas
Este horror ha de soportar.
Al borde del suicidio
Clama a Dios un angustiado gemir:
Estoy poseído por esta casa
Y jamás podré salir.
Sus ojos se inyectan de terror y espanto
Sus demonios bailan en bacanal frenesí
Y sigue escuchando la terrible voz:
Edward, Edward, ¡sácame de aquí!
De pronto ríe de histeria
De un pensamiento loco que sufre casi al amanecer
Una macabra idea
Que lo hace estremecer
Exhumaría el cuerpo
Y se enterraría con su mujer.
Una vez que cavó
Tuvo una horrible visión
Aquello que vería
Haría detener su maltrecho corazón.
Ahí estaba su pálida Lady Rowena
Artífice y protagonista
De la más grotesca escena:
Al ver el cadáver la encontró movida
Víctima de catalepsia
Su hermosa mujer había sido enterrada en vida.
Vínole un pensamiento
En forma de negro cuervo:
Asesinaste a quién más amaste y amarás
Y calló redondo al suelo
Para no levantarse ya
Nunca más [/center:52edc97e83]
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