Marla
Poeta fiel al portal
Percibo un odio amarillo en la sonrisa
de Dios
-Tengo un regalo para ti, hija mía,
aquí
bajo la lengua del sol
en las papilas donde nidifican las alondras
y las flores perfuman los sueños
de los mártires.
Dime Casandra,
¿en cuál de mis cuatro manos
guardo el puñal?-
He aquí mi pecho desnudo,
sin dobleces ni ratones de ira,
a la medida de todos los cuchillos;
a la medida
de los agujeros negros
de tu alma.
Escucho
un redoblar de gusanos bajo la almohada
del silencio
en el instante del crepúsculo,
bajo los árboles
donde sangran dolor las amapolas.
-Di
Casandra,
tú que has aprendido a husmear
en las bacterias
del cielo
¿qué mitad de mi ser
habrá de dar refugio
a tantos ángeles caídos?-
de Dios
-Tengo un regalo para ti, hija mía,
aquí
bajo la lengua del sol
en las papilas donde nidifican las alondras
y las flores perfuman los sueños
de los mártires.
Dime Casandra,
¿en cuál de mis cuatro manos
guardo el puñal?-
He aquí mi pecho desnudo,
sin dobleces ni ratones de ira,
a la medida de todos los cuchillos;
a la medida
de los agujeros negros
de tu alma.
Escucho
un redoblar de gusanos bajo la almohada
del silencio
en el instante del crepúsculo,
bajo los árboles
donde sangran dolor las amapolas.
-Di
Casandra,
tú que has aprendido a husmear
en las bacterias
del cielo
¿qué mitad de mi ser
habrá de dar refugio
a tantos ángeles caídos?-