¡Ay, qué vida más pesada!
...decía una zapatilla:
Me llevan siempre arrastrada,
y eso mucho me fastidia.
Un zapato medio roto
la miraba y se reía...
por donde está el dedo gordo
el calcetín se veía.
La pantufla muy asombrada
apenas se lo creía:
la zapatilla lloraba,
el zapato... porquería.
Llegaba después la bota,
y la tía relucía
de tanto que ¡frota!¡frota!
un espejo parecía.
Las cuatro se conocieron
y se hicieron muy amigas.
Y de acuerdo se pusieron
de montar zapatería.
xxx
Churrete