Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
En su cama de abedul,
aún Carmen no está dormida,
está dibujando un mundo
de ilusión y fantasía.
No cuenta ovejas saltando,
cada noche ella imagina
que levita en el espacio
avanzando de puntillas.
El pelo bien estirado,
repleto de purpurina,
preciosa falda de tul
y brillantes zapatillas.
El sueño se va trepando
por los ojos de la niña
y un anhelo por sus labios,
¡yo quiero ser bailarina!
Carmen no puede escuchar,
profundamente dormida,
que han estallado en aplausos
la luna y las Tres Marías.
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