Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Observó con carita asustada,
esa puerta que pronto abriría
un jarrón en pedazos estaba,
viendo al niño que ha poco corría,
persiguiendo una bola rayada,
carcajeando con mucha alegría.
Esa puerta que vio en la distancia,
parecía mirar con disgusto
y ese miedo que vive en la infancia,
despertó con el golpe y el susto.
La pelota botó por la estancia,
aquel juego perdió todo el gusto.
En sus manos los dedos buscaban,
un rincón para usar de escondite
y sus ojos más grandes estaban,
en su pecho saltaba el agite.
Esos miedos tan solo esperaban,
quién le tranque, le insulte y le grite.
En la puerta sonó la perilla
el sudor empapó a aquel pequeño,
gruesas lágrimas vio en su mejilla,
del jarrón ya llegaba su dueño.
Fuertes lapos pensó en su costilla,
cuánto diera por ser solo un sueño.
-¡Hola!- Dijo un gigante, voz gruesa,
y en segundos por fin brotó el llanto.
pero suave sintió en su cabeza,
una mano que dijo "no es tanto"
grandes brazos rodearon su cuerpo,
pues le puso su padre en el canto.
Mirando su carita asustada
la limpió con la mano caliente.
"Vales tanto que el mundo no es nada
y el jarrón es tan solo de veinte"
Se juntaron en una mirada
descansó un dulce beso en su frente.
esa puerta que pronto abriría
un jarrón en pedazos estaba,
viendo al niño que ha poco corría,
persiguiendo una bola rayada,
carcajeando con mucha alegría.
Esa puerta que vio en la distancia,
parecía mirar con disgusto
y ese miedo que vive en la infancia,
despertó con el golpe y el susto.
La pelota botó por la estancia,
aquel juego perdió todo el gusto.
En sus manos los dedos buscaban,
un rincón para usar de escondite
y sus ojos más grandes estaban,
en su pecho saltaba el agite.
Esos miedos tan solo esperaban,
quién le tranque, le insulte y le grite.
En la puerta sonó la perilla
el sudor empapó a aquel pequeño,
gruesas lágrimas vio en su mejilla,
del jarrón ya llegaba su dueño.
Fuertes lapos pensó en su costilla,
cuánto diera por ser solo un sueño.
-¡Hola!- Dijo un gigante, voz gruesa,
y en segundos por fin brotó el llanto.
pero suave sintió en su cabeza,
una mano que dijo "no es tanto"
grandes brazos rodearon su cuerpo,
pues le puso su padre en el canto.
Mirando su carita asustada
la limpió con la mano caliente.
"Vales tanto que el mundo no es nada
y el jarrón es tan solo de veinte"
Se juntaron en una mirada
descansó un dulce beso en su frente.
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