Caperucita roja
La lluvia hizo su trabajo con el lodo
Y recorriendo las piedrecillas serpenteantes
Fue a despertar al feroz lobo.
Ella, inocente y dulce niña, eligió un camino incorrecto
Sabiendo interiormente haber transgredido el cuento.
Ocurrió que una mariposa vio jugar con el viento,
Con pasos descuidados la siguió ondulante,
Su capa roja y su corazón palpitaron al instante.
Los colores de sus alas eran cálidos
Igual que los aromas de las flores de matices pardos.
Tantas volteretas la cansaron,
Tomó aire y se sentó rendida en el prado
Allí, detrás de un árbol estaba él
Presuroso por su presa sabrosa no perder.
La llamó con tono amable
Y la sedujo con fábulas de fantasías asombrosas.
El desobedecer a su madre no era una constante,
Mas le daba al paseo una atracción grandiosa.
Una casa amplia llena de juegos y dulces
Prometió el animal audaz
Y como ave rapaz,
La alejó del prado.
A un estómago duro fue a parar
Y digan que no masticó demasiado.
Luego dieron con aquel animal
Y vaya sorpresa, también a la abuela había tragado.