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Sostenida en el agua,
por un manto oceánico
y un mar encantado,
¡mi isla del encanto!
parece pintada por Da Vinci,
como larga enredadera
de verdosas primaveras.
Callados y románticos parajes
la cruzan de norte a sur,
de este a oeste, su larga
cordillera de montañas,
que la sostienen orgullosa
palpitando jubilosa
entre las dos Américas.
Luminosos querubines
la ocultan en un cáliz
del poderoso huracán,
y entre el verde paraíso,
mi alma se suma
a la serenata del coquí,
en sus noches fosforescentes.
OASIS
(D.R.)
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Sostenida en el agua,
por un manto oceánico
y un mar encantado,
¡mi isla del encanto!
parece pintada por Da Vinci,
como larga enredadera
de verdosas primaveras.
Callados y románticos parajes
la cruzan de norte a sur,
de este a oeste, su larga
cordillera de montañas,
que la sostienen orgullosa
palpitando jubilosa
entre las dos Américas.
Luminosos querubines
la ocultan en un cáliz
del poderoso huracán,
y entre el verde paraíso,
mi alma se suma
a la serenata del coquí,
en sus noches fosforescentes.
OASIS
(D.R.)
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