Cánticos de una tormenta.
Ahuyaron los vientos, por rabia y coraje, llevándose al cielo la paz que reinaba.
Bailaban las ramas de todos los árboles, festejo en aras de lluvia, que un destello anunciaba.
Se visten de luto todos los colores
Mostrando respeto al que todo lo cubre, traía consigo 200 olores, y una nube terrible pregonaba un octubre.
En primera línea los rayos, dieron luz a la lluvia, que en un acto suicida va dando vida a su paso
una vida maldita, desprovista de suerte, pues al cabo de un rato sería digna de muerte.
Y con aquella tormenta se instaló la penumbra, que esparcio sus demonios,
con cada paso que daban destuian virtudes, cambiaron rosas por lirios, sonrisas por ataudes..
Y tras su fuego maldito de miedo, dudas y pena, solo llovían cenizas, en mi desierto de arena, más un silencio terrible, se apoderó de mi cuerpo, y mis palabras morían, volviendo otra vez para adentro.
Si resurgian de nuevo, en ecos de locura, resentidas, lloraban, por no haber sido de cura.
Terrible silencio, oculto en una melodia, que bajó con la lluvia para sembrar arena, que son de noche mis días y solo me rio de pena, ya ni mis tierras son mías, ahora es el caos quien ordena. Ya que la paz no me calma, y entre gritos de guerra me acuno, suelo soñar que despierto y que me escapo del mundo.
Ahuyaron los vientos, por rabia y coraje, llevándose al cielo la paz que reinaba.
Bailaban las ramas de todos los árboles, festejo en aras de lluvia, que un destello anunciaba.
Se visten de luto todos los colores
Mostrando respeto al que todo lo cubre, traía consigo 200 olores, y una nube terrible pregonaba un octubre.
En primera línea los rayos, dieron luz a la lluvia, que en un acto suicida va dando vida a su paso
una vida maldita, desprovista de suerte, pues al cabo de un rato sería digna de muerte.
Y con aquella tormenta se instaló la penumbra, que esparcio sus demonios,
con cada paso que daban destuian virtudes, cambiaron rosas por lirios, sonrisas por ataudes..
Y tras su fuego maldito de miedo, dudas y pena, solo llovían cenizas, en mi desierto de arena, más un silencio terrible, se apoderó de mi cuerpo, y mis palabras morían, volviendo otra vez para adentro.
Si resurgian de nuevo, en ecos de locura, resentidas, lloraban, por no haber sido de cura.
Terrible silencio, oculto en una melodia, que bajó con la lluvia para sembrar arena, que son de noche mis días y solo me rio de pena, ya ni mis tierras son mías, ahora es el caos quien ordena. Ya que la paz no me calma, y entre gritos de guerra me acuno, suelo soñar que despierto y que me escapo del mundo.