Hotarubi
Poeta recién llegado
Canta el Raiquén.
Mefisto, te ofrecí todo lo que tenía,
un mundo ordinario.
Tú, envuelto en millones de nubes
que articulan un esqueleto de luz.
Yo, una orquídea que crece en la umbría.
Soy lo que soy
lo constante es inconstante,
¡La vida!
Te di mi vida.
Nos miramos por encima y a través
de la reflexión especular de un cristal roto,
también pisamos esas flores caídas
que nunca volverán a la vieja rama,
gravitación de la piedra arrojada
que se pierde en el infinito.
Como el papel arrugado, mi corazón
no volverá a ser el de antes.
Como un árbol que arde en el ojo del Sáhara
que nadie llora por él,
no volverá a ser el de antes.
Canta el Raiquén.
.
.
.
Te confieso que soy onironauta
y solo sueño contigo.
Para verte solo necesito ver mi cuerpo.
Mefisto, te ofrecí todo lo que tenía,
un mundo ordinario.
Tú, envuelto en millones de nubes
que articulan un esqueleto de luz.
Yo, una orquídea que crece en la umbría.
Soy lo que soy
lo constante es inconstante,
¡La vida!
Te di mi vida.
Nos miramos por encima y a través
de la reflexión especular de un cristal roto,
también pisamos esas flores caídas
que nunca volverán a la vieja rama,
gravitación de la piedra arrojada
que se pierde en el infinito.
Como el papel arrugado, mi corazón
no volverá a ser el de antes.
Como un árbol que arde en el ojo del Sáhara
que nadie llora por él,
no volverá a ser el de antes.
Canta el Raiquén.
.
.
.
Te confieso que soy onironauta
y solo sueño contigo.
Para verte solo necesito ver mi cuerpo.