Asklepios
Incinerando envidias
Se cortó el pan de distinta condición aquella mañana, sonreíste frágil. Teníamos cansada la palabra así que depositamos con ternura los restos de la noche,-¡qué pena que no fuera eterna!-, en los bordes de las tacitas del café.
Hacía mucho tiempo que nuestros argumentos no eran tan infantiles. ¡Es inmenso haberte visto crecer tan cerca! Subiste rapidito a bañarte mientras me vestía y coincidimos en el recibidor al toque de las diez. Salimos entre bolsos, maletas y cintas de casete que ronroneaste durante todo el viaje mientras yo dormía. Al llegar nos depositamos felices en las luces más tardías del día. Sentimos su presencia en feliz silencio. Se abrió el firmamento negro para ti, púrpura toda, embriagándonos de conceptos por explicar que construyeron un sorprendente mosaico que, sin saber cómo, comenzamos a pronunciar. Olía a frescura… Lágrimas nacieron por tanta felicidad…
¿Tuvimos alguna vez presente la sensación de lo efímero? Aprendimos de la indestructible permanencia en nuestra memoria de un espacio propio gracias a la melancolía que el tiempo alimenta y deja… cansada la palabra.
Hacía mucho tiempo que nuestros argumentos no eran tan infantiles. ¡Es inmenso haberte visto crecer tan cerca! Subiste rapidito a bañarte mientras me vestía y coincidimos en el recibidor al toque de las diez. Salimos entre bolsos, maletas y cintas de casete que ronroneaste durante todo el viaje mientras yo dormía. Al llegar nos depositamos felices en las luces más tardías del día. Sentimos su presencia en feliz silencio. Se abrió el firmamento negro para ti, púrpura toda, embriagándonos de conceptos por explicar que construyeron un sorprendente mosaico que, sin saber cómo, comenzamos a pronunciar. Olía a frescura… Lágrimas nacieron por tanta felicidad…
¿Tuvimos alguna vez presente la sensación de lo efímero? Aprendimos de la indestructible permanencia en nuestra memoria de un espacio propio gracias a la melancolía que el tiempo alimenta y deja… cansada la palabra.