Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Caminante amigo,
no hagas caso de la brújula
si te adentras en un paisaje
donde la tierra
como un regazo insondable
está cubierta de estrellas
y cuyo cielo encrespado
se confunde con el mar.
Saluda de mi parte,
caminante,
a las grandes flores
que, allá en lo alto,
miran la lava rugiente
como cíclopes enamorados;
pero no distraigas,
porque por allí andará,
al artífice de estos versos,
absorto en su universo
de intenso color amarillo.
Si oyes, caminante,
sollozos de alegría, deja
que el viento te agite
con su música el corazón,
que su melodía cálida
se mezcle con la sangre
como enredadera
con aroma de violines.
Porque siempre hay un río
en algún recodo del camino,
se presentará solícito
y se ofrecerá para aliviar
la sed y los dolores
de un cuerpo hecho jirones.
Fresca una sombra hallarás
para descansar de tus pasos
y cuando esto suceda,
sueña, amigo caminante,
sueña con la senda maravillosa,
con adentrarte hasta el final
en sus misterios y prodigios,
aunque sea la impostura
sin malicia de un poeta que ha visto
cómo en la piel del mundo
florecían la aridez de los cardos
y los discursos de espadas,
que han enrarecido el aire
con resplandores y sangre,
y al que solo queda el recuerdo
de la música de las palabras inocentes
mientras el asombro se adueñaba de él
ante la belleza de los astros
inundando con su cálido aliento la noche.
no hagas caso de la brújula
si te adentras en un paisaje
donde la tierra
como un regazo insondable
está cubierta de estrellas
y cuyo cielo encrespado
se confunde con el mar.
Saluda de mi parte,
caminante,
a las grandes flores
que, allá en lo alto,
miran la lava rugiente
como cíclopes enamorados;
pero no distraigas,
porque por allí andará,
al artífice de estos versos,
absorto en su universo
de intenso color amarillo.
Si oyes, caminante,
sollozos de alegría, deja
que el viento te agite
con su música el corazón,
que su melodía cálida
se mezcle con la sangre
como enredadera
con aroma de violines.
Porque siempre hay un río
en algún recodo del camino,
se presentará solícito
y se ofrecerá para aliviar
la sed y los dolores
de un cuerpo hecho jirones.
Fresca una sombra hallarás
para descansar de tus pasos
y cuando esto suceda,
sueña, amigo caminante,
sueña con la senda maravillosa,
con adentrarte hasta el final
en sus misterios y prodigios,
aunque sea la impostura
sin malicia de un poeta que ha visto
cómo en la piel del mundo
florecían la aridez de los cardos
y los discursos de espadas,
que han enrarecido el aire
con resplandores y sangre,
y al que solo queda el recuerdo
de la música de las palabras inocentes
mientras el asombro se adueñaba de él
ante la belleza de los astros
inundando con su cálido aliento la noche.